Río de Janeiro, 27 feb (EFE).- El Carnaval de Río de Janeiro, pese a que los extranjeros lo relacionan a ideas como sensualidad, mulatas semidesnudas, juerga y desenfreno, también es un asunto, y muy serio, para los niños, que tienen fiestas especiales para su edad, que en poco difieren a las de los mayores.

Así lo demostró hoy el “bloco” (comparsa) “Gigantes da Lira”, que, faltando aún cinco días para el comienzo del Carnaval, arrastró por las calles del barrio de Laranjeiras, en la zona sur de Río de Janeiro, a cerca de cinco mil personas, en su mayoría niños debidamente disfrazados, bailando y divirtiéndose con confeti, espuma, bocinas, pitos y fuegos pirotécnicos.

Y Gigantes da Lira no es una excepción sino una de las muchas posibilidades que tienen los niños para divertirse en Carnaval y dar los primeros pasos en la mayor y más tradicional fiesta brasileña.

Además de comparsas dirigidas al público infantil, en Río de Janeiro también son populares durante el Carnaval las fiestas y concursos de disfraces para menores y eventos como talleres para enseñarles a confeccionar sus fantasías, sambar y tocar tamborines y panderos.

Las propias escuelas de samba, principales protagonistas del Carnaval de Río de Janeiro por sus suntuosos desfiles en el Sambódromo, también tienen divisiones especiales para los niños que disputan un concurso que emula al de los mayores.

Las llamadas “escola mirim”, así como las de adultos, también cuentan con batería (orquesta de percusión), bailarines destacados, carrozas alegóricas y divisiones compuestas por decenas de pequeños con sus disfraces, que desfilan por el Sambódromo un par de días antes que las de los adultos.

Igualmente sucede con los “blocos” para niños como el Gigantes da Lira. Así como las comparsas más tradicionales, esta escuela también cuenta con una orquesta que anima al público, también interpreta las populares “marchas” de Carnaval que hasta los niños saben entonar y también desfila por un circuito determinado a la cabeza de cientos de personas dispuestas apenas a divertirse.

Como cualquier otro bloco, Gigantes da Lira también cuenta con una portabandera y un “mestre sala” (compañero de danza) que marchan al frente de la orquesta demostrando sus habilidades en el baile.

La gran diferencia, como sus integrantes acostumbran decir, es que, como el nivel alcohólico de los bailarines es nulo, la tranquilidad y la diversión están garantizadas.

Otra gran diferencia es que la comparsa infantil cuenta con figuras poco comunes en los blocos tradicionales, como payasos, malabaristas, artistas circenses y bailarines en zancos.

Gigantes da Lira fue fundada en 1999 por la actriz Yeda Dantas, directora del grupo de teatro infantil “Payaso Dr. Giramundo y sus Gigantes da Lira”.

Como todos los años, en la fiesta de hoy los disfraces más comunes fueron los de superhéroes como batman y los de princesas y bailarinas, pero no faltaron niños que, así como es común en las comparsas de adultos, vistieron aderezos con los que hacían alusiones irónicas a problemas de la realidad brasileña.

Otro bloco infantil, el de la escuela Sá Pereira que se presentó el sábado en el barrio de Botafogo, cuenta con una orquesta infantil que interpreta una música compuesta por los propios niños.

Y en el “Bloco da Pracinha”, que también desfiló el sábado y cuyas percusionistas son niñas de la favela Vidigal, los niños participaron en talleres para la confección de disfraces y aderezos.

El Carnaval de los niños, así como el de adultos, también genera un lucrativo negocio que mueve a decenas de vendedores ambulantes de juguetes, disfraces, fuegos de artificio, cornetas y otros artículos propios de la fiesta.

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