Madrid,- “No hay una asistencia sanitaria adecuada”; “es un cansancio que viene de muchos años de deterioro”; “era una sensación constante de no llegar, de estar dejándote cosas, con mucho miedo a equivocarte”. Los médicos madrileños afrontan la segunda ola de coronavirus aún con el miedo en el cuerpo del colapso de la anterior y ante la falta de presupuesto y la excesiva carga asistencial, algunos se plantan y renuncian a sus contratos: “mejor no trabajar que hacerlo de esta forma”.

Mientras los casos y las muertes por coronavirus no cesan en España (con más 615.000 infectados y 30.200 fallecidos), Madrid acapara todas las miradas con casi un tercio del total de los afectados.

Con la opción de aplicar un nuevo confinamiento, los centros de salud, con un 20% de ellos cerrados, no aguantan la presión asistencial y cada día se merman más por las bajas por COVID de los propios profesionales.

En medio de esta tormenta, decenas de sanitarios han ido renunciando por goteo, ante el agotamiento mental y físico de enfrentarse diariamente a largas listas de teléfono de pacientes, a quienes solo pueden derivarles a realizarse una prueba para detectar la enfermedad, mientras se ven obligados a dejar de lado otras patologías.

“Tenemos listas de cien llamadas diarias, los profesionales acaban eligiendo aleatoriamente a quién llaman y a quién no, sin saber lo que se están dejando, es muy desesperante y da mucho miedo no cubrir las necesidades de la población”, subraya a EFE la doctora Isa Kennedy, que no trabaja desde agosto.

LA ATENCIÓN PRIMARIA, UN DESGASTE DE DÉCADAS

La atención primaria atiende el 80% de las necesidades de cuidados de una persona a lo largo de su vida, pese a ello y pese a que ya se sabía que la segunda ola de coronavirus tendría que ser frenada por estos profesionales, “no se ha hecho nada” para dotarla de herramientas.

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Es la opinión de Lucía Gutiérrez, médica de primaria, que renunció pero está encadenando semanas sueltas de empleo para ayudar a sus compañeros.

“No se ha reforzado la primaria en nada, no ha habido ninguna medida y la situación no ha mejorado, después de la primera ola, toda la labor de atención, de contactos, de seguimiento… la estamos haciendo desde primaria”, se queja.

Gutiérrez, quien renunció tras la primera ola “porque la situación era insostenible”, denuncia que los sanitarios están viviendo “una saturación” que conlleva episodios de “ansiedad y mucha frustración”: “no estábamos pudiendo dar asistencia, me tocó a nivel personal y tomé la decisión de renunciar”.

En esa misma línea se expresa Diego Lobo, otro médico de familia del sistema de salud madrileño que ya renunció en su momento, pero que ante el aumento de la carga asistencial de las últimas semanas ha aceptado algunos contratos por días.

Lobo considera que hay un “problema histórico” que ha provocado que la atención primaria “por ese deterioro que se viene dando, está siendo menos atractiva para los nuevos médicos, incluso gente que quiere hacerla pero las condiciones que hay no son las idóneas y acaban buscando otros caminos”.

Este sanitario apunta a tres claves para que la atención primaria española, que desde 2009 a 2018 recibió un 13,10% menos de presupuesto según Amnistía Internacional, vuelva a ser referencia.

“Falta dinero y no solo se tiene que invertir más en sanidad sino en la primaria porque la mayoría se va a los hospitales”, analiza Lobo, quien también cree necesario una renovación de los centros de salud existentes así como construir nuevos.

ANTE LO INACEPTABLE, SOLO QUEDA RENUNCIAR

Convertirse en médico en España es un camino exigente desde antes de empezar a recorrerlo. Las notas necesarias para estudiar la carrera son de las más altas de la educación superior, y después de esto llegan seis años de formación y cuatro de prácticas.

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Tras esto, a los médicos españoles les esperan contratos por meses, semanas o incluso por días. Pero los que renuncian no lo hacen por sus condiciones laborales sino por la “intolerable” situación de la atención.

Es el análisis de Jas McGhie, también médica de familia, que desde junio no ha aceptado ninguna oferta laboral porque “necesitaba tomar distancia para analizar de qué manera se está trabajando y qué cambios son necesarios”.

McGhie alude a los datos nacionales que revelan que la Comunidad de Madrid cuenta con seis centros de salud por cada 100.000 habitantes, situándose a la cola solo superado (negativamente) por Ceuta y Melilla, los dos territorios que España tiene en continente africano que cuentan con cuatro.

Esta médico critica que en este momento la Comunidad esté “desmantelando” la sanidad pública.

“Sentimos el arrope brutal por parte de la población y está bastante claro lo que hace el sector privado ante una crisis: cerrar puertas y después reclamar las pérdidas”, se queja.

Algo que en su opinión viene respaldado por la administración: “necesitamos un servicio público fuerte, pero también una administración que de cuenta de ello, no una Comunidad de Madrid que lo que hace es externalizar y desviar fondos públicos al sector privado”.

Kennedy coincide con su compañera y recuerda que “en este momento de mucha vulnerabilidad en el que las personas tienen mucho miedo por su salud es muy fácil hacer negocio de ello”.

“La cantidad de personas que se hacen pruebas en centros privados porque tienen mucho miedo es una oportunidad perfecta para aprovechar y privatizar el sistema”, avisa.

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LAS RENUNCIAS QUE VIENEN

Frente a las condiciones, el sector sanitario reclama condiciones dignas: el próximo 28 de septiembre hay convocada una huelga en Madrid y varias decenas de profesionales se organizan bajo el movimiento YoRenuncio para que las bajas individuales no pasen desapercibidas.

“No es nada fácil renunciar, a mí me gusta mi trabajo, creo que marca una diferencia pero la única forma que hemos encontrado para dar un golpe de efecto y que la función de la atención primaria vuelva, es no trabajando.”, comparte resignada McGhie.

El movimiento que aún no ha hecho públicas sus demandas, se plantea renunciar colectivamente para denunciar las condiciones en las que trabajan y los pacientes son atendidos.

“Dado a que hay mucha gente que está renunciando de forma aislada porque se va cansando a nivel individual y cada vez hay menos gente, se está hablando de una renuncia colectiva, que no es más que un reflejo de un cansancio que no viene de ahora sino de muchos años de deterioro”, opina Lobo.

Preocupados por la imagen que pueda dar de la profesión en un momento tan complicado explican que todos quieren “hacer lo posible en esta situación que es cuando más se necesita”: “es cuando más útil te sientes y cuando más sientes que puedes hacer por la gente y te gusta ese trabajo, pero hasta qué punto se puede”.

Para Kennedy, la comunicación entre los sanitarios y la población será “crucial” para salvar a la atención primaria.

Así, hace un llamado a la ciudadanía: “seguro que la población puede entender nuestra situación, pero hay una intención activa de intentar bloquear esa comunicación, que se entienda y que la población sepa qué está pasando”.

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