Río de Janeiro.- La intención de consumo de las familias brasileñas se desplomó un 13,1 % en el último mes, su mayor caída en 10 años, influenciada por los impactos económicos de la pandemia del COVID-19, según el indicador divulgado este miércoles por la Confederación Nacional del Comercio (CNC).

El llamado Índice de Intención de Consumo de las Familias, que la patronal de los comerciantes mide mensualmente desde 2010, cayó desde 95,6 puntos en abril hasta 81,7 puntos en mayo, su menor nivel desde noviembre de 2017.

En relación a mayo de 2019 la caída de la intención de consumo fue aún mayor: del 13,7 %.

La reducción del deseo de los brasileños en salir a comprar fue, por lo tanto, la más intensa desde la creación en enero de 2010 de un indicador que mide la intención de consumo en la mayor economía suramericana en una escala de 0 a 200 y en la que índices inferiores a 100 son considerados insatisfactorios.

La confederación atribuyó la caída del indicador a los efectos económicos de la pandemia por la paralización de actividades, el cierre de industrias y comercios, los despidos masivos, el aumento del desempleo y la reducción de los salarios.

“La inestabilidad en el mercado de trabajo como consecuencia de la pandemia corroboró una evaluación menos favorable de las familias sobre la posibilidad de mantener sus empleos y en mayo fue la primera vez desde junio de 2016 que la mayoría de las familias dijo no sentir seguridad sobre su trabajo”, de acuerdo con un comunicado de la entidad.

La patronal agregó que tal sensación revirtió un momento favorable para el crecimiento del consumo ya que “las tasas de intereses son cada vez más bajas, la inflación está bajo control y el acceso al crédito fue facilitado”.

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Según el presidente de la CNC, José Roberto Tadros, pese a la percepción de que las condiciones de crédito mejoraron con respecto al año pasado, las familias brasileñas demuestran preocupación sobre la posibilidad de comprar a corto plazo.

El estudio mostró que la evaluación de los brasileños sobre sus perspectivas profesionales -uno de los seis componentes del indicador- se desplomó un 15,6 % y llegó a su menor nivel histórico.

“Ese resultado refleja la incertidumbre de las familias en relación al futuro profesional y deja evidente la inseguridad de los brasileños con respecto a su situación en los próximos meses”, afirmó la economista Catarina Carneiro da Silva, responsable por el estudio de la Confederación.

La entidad agregó que, influenciada por los indicadores económicos negativos del momento y por la prolongación de las medidas de aislamiento para hacer frente a la pandemia, la mayoría de los brasileños dice que va a consumir menos en los próximos meses.

Otro temor detectado fue el del aumento del desempleo, que en el primer trimestre de este año era del 12,2 % de la población económicamente activa (12,9 millones de personas), ante la proyección de que Brasil sufrirá este año una retracción económica del 5,0 % por la paralización de actividades como consecuencia del COVID-19.

La tendencia es que el índice de desempleo aumente gradualmente en los próximos meses dependiendo del momento en que la situación sanitaria mejore y las actividades se normalicen.

Pese a que algunos gobiernos regionales y municipales de Brasil ya comenzaron a levantar las restricciones que habían impuesto para frenar el coronavirus, la pandemia sigue agravándose en el país y el pico de la curva de contagios sólo es esperado entre junio y julio.

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El gigante latinoamericano es el segundo país del mundo en número de contagiados (391.222 casos) y el sexto en muertes (24.512).

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