Patricia M. Heredia Mejía

Santo Domingo. Normalmente no tiendo a escribir de experiencias, sino más bien de realidades sociales, pero hoy romperé el molde.

Hoy rompí el molde porque he entendido que en la vida todo cambia, quizás no fue que lo entendí, sino que lo analice mejor.

Después de haber tenido un día súper agotador, del que no recuerdo la fecha, alguien me preguntó en varias ocasiones: ¿Dónde está Patricia? Pregunta a la cual no le encontré respuesta, di varias excusas y justificaciones porque sinceramente, en ese momento, mi cerebro no había procesado ninguna respuesta verdadera, además de que no entendía la pregunta.

Pero, el viernes pasado cuando me dirigía a Punta Cana a la cumbre del SICA, por unos minutos me quede dormida, algo extraño, no acostumbro a quedarme dormida en las guaguas de trasporte, por más lejos que sea el camino, y en mi sueño recordé que alguien más me había dicho “me cambiaron a mi amiga”, yo simplemente le sonreí a esa persona, comentario al que no le di ningún valor, hasta ese momento.

Tanto el comentario como la pregunta llegaron a mi mente, y entendí que en verdad he cambiado, no sé si para mal o para bien, pero he cambiado. En la vida todo cambia, nadie permanece intacto a los cambios del tiempo, todos sufrimos una metamorfosis, una trasformación en nuestros cuerpos, pensamientos, en nuestras metas, en nuestros anhelos y deseos.

Cada paso que damos es una forma de cambio que no lo analizamos en el momento, no tenemos tiempo para nosotros mismos, por eso me he dado cuenta que es importante sacar un poco de tiempo para conocernos, para valorarnos, para saber dónde estoy y qué he cambiado, qué tan bueno o malo pueden ser esos cambios, para entonces poder dar una respuesta a nuestra vida y a las personas que se encuentran a nuestro alrededor.

Ahora puedo darle una respuesta a la pregunta y, he analizado el comentario, por ello, puedo decir que:

Patricia aun esta aquí, algo cambiada, valorada, superada, queriendo romper barreras, lograr metas, alcanzar sueños, vivir cada instante de la vida, dándole la oportunidad a personas nuevas, pero sobre todo, valorando y amando a todos aquellos que durante tanto tiempo me han dejado ser parte de sus vidas, aunque no se los demuestre. El amor de esos seres especiales también me ha enseñado a valorarme y a valorar los cambios, pero sobre todo a las personas que me rodean.

Los cambios no son malos, es solo que debemos ponerlos en su justa dimensión, aprender de ellos. Por eso quiero e invito a todo el que tenga la oportunidad de leer este articulo que siempre que tenga tiempo se analice a sí mismo, no es algo fácil, lo sé, pero te permite ver luz y sombras que tienes en la vida.  Los cambios son inevitables y no debemos resistirnos a ellos.

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