Los Beatles aparecen en la cima de la gloria en un nuevo libro, el enésimo, que añadir a la inabarcable bibliografía sobre los Cuatro Fabulosos (solamente en el buscador de la librería Amazon aparecen más de cinco mil referencias).

Esta vez la cosa va de fotos inéditas. The Lost Beatles Photographs: The Bob Bonis Archive, 1964-1966, que acaba de publicar la editorial It Books, del grupo Harper Collins, reune unos cuantos centenares de imágenes. No tienen demasiado mérito técnico o artístico, pero John, Paul, George y Ringo son una fuente de la que siguen manando divisas y sus fans no han destacado precisamente por exigentes.

Las fotos no tienen demasiado mérito técnico o artístico pero son imprescindibles para sus fansLas fotos las hizo Bon Bonis, que trabajó para la factoríabeatle como agente de zona encargado de organizar las tres giras del cuarteto por los Estados Unidos, desde la de 1964, la mejor operación de propaganda de su tiempo (British Invasion, la llamaron), hasta la de 1966, durante la cual el grupo dió su último concierto comercial (el 29 de agosto, en San Francisco).

Bonis era aficionado a la fotografía y tenía una máquina infalible, una Leica. Lo demás fue fácil: enfocar más o menos bien y retratar a los que pasaban por allí. En este caso nada menos que los héroes del pop más idolatrados de la historia.

El autor del texto que acompaña a las fotos y las contextualiza es Larry Marion, copropietario de la galería online Not Fade Away, dedicada a la comercialización de memorabilia relacionada con el rock.
Jóvenes , inocentes y desprotegidos
El hombre no se corta al glosar el libro: “En más de veinte años como arqueólogo del rock, nunca había dado con un descubrimiento de esta magnitud: miles de fotos inéditas de los Beatles, jóvenes, inocentes y desprotegidos”, explica.

Marion tiene bastante razón: los ingleses se sentían en su salsa en los EE UU, donde la atención que recibían era de dimensiones muy gringas: himaláyica.

En las fotos del libro hacen el payaso en piscinas, camerinos, trenes, conferencias de prensa, hoteles y escenarios y nunca desobedecen las órdenes que les había dado su representante y descubridor, el sagaz Brian Epstein: “No dejéis de sonreir y vestid siempre el mismo traje los cuatro”.

No dejeis de sonreir y vestid siempre el mismo traje los cuatro

Aunque nunca entendieron el por qué de su impacto en los EE UU -“no sé que ven en nosotros cuando lo que tocamos nació aquí”, decía McCartney-, los Beatles se dejaban llevar por el frenesí de la beatlemanía y la locura fanática de las masas -“gritan tanto que no escucho nada de lo que canto”, se quejaba Lennon-.

Eran jóvenes y podían soportar el ritmo inclemente de los compromisos que firmaba Epstein (1.400 conciertos entre 1962 y 1966).

Pero aquellos chicos crecían: pronto empezaron a vestir distinto, pensar distinto y tocar tramas distintas, tan complejas que no eran capaces de recrearlas en directo.

Cuando regresaron a los escenarios (en el concierto de la terraza, en enero de 1969) fue para despedirse. Lo hicieron tocando rock and roll. Lo mejor que sabían hacer.

 

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