Río de Janeiro,  (EFE).- Al menos 223 personas, entre las cuales 10 mujeres y 5 extranjeros, han sido arrestadas hasta hoy durante el Carnaval de Río de Janeiro de este año por orinar en las calles, una vieja práctica contra la que las autoridades municipales declararon tolerancia cero, según cifras oficiales.

Entre las personas detenidas y acusadas formalmente del delito de acto obsceno en lugar público figuran una mexicana, un italiano, dos dinamarqueses y un inglés, según el último balance de la Guardia Municipal.

Además de ser retirados de las fiestas callejeras y conducidos a una comisaría, los meones tienen que enfrentar un proceso ante un juez que les puede significar posibles anotaciones en su pasado judicial y la pérdida de la condición de reo primario.

De los detenidos, 161 fueron presos en flagrante entre el pasado viernes, cuando comenzaron las fiestas, y la tarde de este lunes, en tanto que otros 62 fueron arrestados en las fiestas precarnavalescas.

Las escenas de hombres orinando contra árboles, vehículos y paredes son muy comunes por estos días de carnaval debido a que, como muchas de las fiestas son callejeras y con alto consumo de cerveza, la demanda por baños se multiplica y la oferta es casi nula.

Las numerosas personas que deciden ponerse un disfraz y salir a la calle tras un bloco, como son conocidas las comparsas vecinales animadas por orquestas, apenas encuentran para aliviar la vejiga pocos baños portátiles que la municipalidad instala en los locales de mayor concentración.

La práctica deja las calles de Río de Janeiro por las que pasan los desfiles de las comparsas con un fuerte olor a orines, obliga a la alcaldía a multiplicar los equipos de limpieza y genera numerosas protestas entre quienes habitan en las regiones afectadas.

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El secretario especial de Orden Público de Río de Janeiro, Rodrigo Bethlem, responsable por la persecución a los meones, alega que la alcaldía instaló este año 4.000 baños portátiles en las diferentes calles en las que hay desfiles, por lo que ya no tolerará que se incumpla la ley.

Varias de las personas arrestadas aseguran que no podían aguantar por más tiempo y que las filas frente a los pocos baños disponibles son enormes.

La legislación brasileña prevé una condena de entre tres meses y un año de prisión para quien viole el artículo 233 del código penal, que define el delito de acto obsceno en lugar público o expuesto al público.

Una vez en la comisaría, el meón puede firmar un término en el que se compromete a comparecer al juzgado para un proceso que podrá enfrentar en libertad y por el que, por lo general, termina condenado a una pena alternativa como prestar servicios sociales. EFE

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