Río de Janeiro.- Un grupo de activistas de izquierda se tomaron este lunes una iglesia católica en la sureña ciudad de Curitiba, en el estado de Paraná, en un acto antirracista que levantó críticas en el país y que desató la furia del Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Decenas de miembros del Partido de los Trabajadores (PT) y del Partido Comunista de Brasil (PCB) irrumpieron la iglesia Nuestra Señora del Rosario, durante una manifestación que pedía justicia por dos jóvenes negros que fueron asesinados en Río de Janeiro: un congoleño que murió a golpes y un ciudadano brasileño que fue tiroteado por su vecino, un sargento de la policía que dijo haberlo confundido con un delincuente.

En un video, que ha sido propagado por las redes sociales, hasta por el mismo Bolsonaro, se puede ver a los manifestantes invadir la iglesia mientras ondean las banderas de sus partidos y gritan repetidamente “fascistas” y “rascistas”.

Liderada por Renato Freitas, concejal en Curitiba por el PT -la formación que lidera el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva- la toma de la iglesia fue duramente criticada en el gigante suramericano, incluso hasta por seguidores de las formaciones de izquierda que participaron en la protesta.

El presidente brasileño, que aspira a ser reelegido este año y cuyo principal rival es Lula, quien con casi el 50 % de los favoritismos lidera con amplia ventaja todas las encuestas sobre intención de votos en el país, no escatimó palabras para criticar el acto.

“Creyendo que se va a tomar el poder nuevamente, la izquierda vuelve a mostrar su verdadera cara de odio y desprecio a las tradiciones de nuestro pueblo”, aseguró Bolsonaro en las redes sociales.

“Si esos marginales no respetan la casa de Dios, un lugar sagrado, y ofenden la fe de millones de cristianos, a quién van a respetar”, agregó el líder ultraderechista.

La posición de Bolsonaro fue acompañada por decenas de personas, entre líderes de cultos religiosos, parlamentarios y políticos de Brasil e incluso por el exjuez Sergio Moro, que también aspira a la presidencia, y quien es reconocido internacionalmente por haber enviado a Lula a la cárcel y luego renunciar a la magistratura para ser ministro de Justicia de Bolsonaro, con quien terminó enemistado.

Moro, quien ocupa el tercer lugar en los sondeos electorales, con un favoritismo de apenas un 8 %, calificó la protesta como “absurda” y “repugnante”.

Ante las críticas, el concejal Freitas del PT dijo en una nota estar “sorprendido” de que cause más indignación “exaltar el amor y valorar la vida en una iglesia” que “el brutal asesinato de dos seres humanos negros en Brasil”.

Ante los hechos, el presidente Bolsonaro solicitó al Ministerio de Justicia y al de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, hacer un seguimiento del caso para garantizar que los responsables “respondan por sus actos y que prácticas como esa no ganen proporciones mayores” en Brasil.

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