En Especial

Por Cristhian Jiménez

Simple mortal, plagado de debilidades, quizás me hubiese visto tentado a ir legalmente tras los pasos del despreciable que ejecutó uno de los más monstruosos ataques a la dignidad de una persona.

Miriam Germán, desde su altura ética y profesional, construidas con sacrificios, privaciones, girones de piel no se podía permitir tal descenso para perseguir a un asustadizo y empequeñecido Jean Alain Rodríguez, ya sin su traje de un todopoderoso Procurador General de la República.

De reportero de la fuente judicial, conocí a Miriam como ayudante fiscal y luego jueza, en un lento camino ascendente, precisamente por sus posturas independientes y de frente a la corrupción y sobre todo por ser justa, sin importar los riesgos. Varias piedras en camino a la Suprema Corte de Justicia en l997, para finalmente llegar en 2011 y ocupar la presidencia de la Cámara Penal.

Por eso, siempre he estado a su lado, y celebré ruidosamente su designación como líder del ministerio público, al extremo de que mi colega y amigo Euri Cabral hace unos días me dijo estar seguro que yo laboraba para la Procuraduría. Le aclaré que la información era falsa y probablemente mal intencionada.

Con este historial y una enorme capacidad de perdón, es inconcebible que en una gestión de Germán en Procuraduría puedan asomar posibles atropellos y desconsideraciones contra servidores del nivel de un fiscal titular, como la del Distrito Nacional, Rosalba Ramos.

Ramos, egresada de la Escuela del Ministerio Público y con estudios especializados en diversas disciplinas “hizo centro” al pasar por los más variados departamentos y áreas de trabajo hasta asumir la fiscalía de Santo Domingo Oeste y luego la Fiscalía del Distrito Nacional, mediante concurso.

El concurso fue cuestionado por fiscales participantes y sectores de opinión y se alegó que tenía el apoyo de uno de los procuradores más odiados de los últimos tiempos en el país: Jean Alain Rodríguez.

Además, Rosalba sustituiría a una de las fiscales más populares y de alta valoración profesional, Jenny Berenice Reynoso, quien aspiraba a mantenerse en el cargo, luego de 7 años. Fue ascendida a Procuradora General de Corte de Apelación y en agosto último al asumir el presidente Luis Abinader designada Directora General de Persecución, con un rol fundamental en  investigaciones, acusaciones y litigaciones de casos de corrupción.

La retaliación es peligrosa arma de doble filo que no puede tener espacio en una gestión como la de Miriam Germán, que además requiere de todos los recursos humanos disponibles y no distraerse en asuntos menores.

No aspiraría a besos y abrazos con esos sedimentos presentes, pero debe haber respeto a la labor jurisdiccional y abandonar las escaramuzas en “investigaciones de oficio” de difícil sustentación.

El inspector general no es censor o preboste, sino un vigilante prudente, que no puede traspasar fronteras legales y dictar normas a priori.

La restricción a un fiscal titular para ir a programas de radio y televisión, salvo una “autorización” de la Dirección de Comunicaciones es de las vainas más nefastas del reino de Jean Alain, que no puede existir en una gestión de Miriam Germán, garante histórica de libertades.

Los fiscales desde siempre han ejercido la libertad de opinión, con la prudencia que amerita cada caso, hasta que llegó el indeseable Jean Alain a Procuraduría a concentrar la opinión y garantizar su proyección para absurdas aspiraciones.

¿Se puede alegar que utilizan “tiempo del horario de trabajo” para ir a programas? Absurdo. Es parte del servicio el contacto con los medios de comunicación que son los intermediarios con los ciudadanos.

A Rosalba solo le queda un año.

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