Bangkok,- El autodenominado Gobierno de Unidad Nacional (NUG) de Birmania, conformado por políticos opuestos al golpe de Estado militar, anunció este sábado el acuerdo con un importante grupo étnico rebelde para combatir a la junta del Ejército, el primer pacto de este tipo alcanzado por el gobierno electo depuesto por el mando castrense.

El NUG y la guerrilla Ejército Nacional Chin, que actúa en el oeste del país y todavía mantiene un alto el fuego con el Ejército, informaron del “pacto para colaborar en la revolución contra la dictadura y en favor de una democracia federal”.

El acuerdo fue anunciado horas después de que el NUG mostrara un vídeo en Facebook la ceremonia de graduación de la primera hornada de combatientes de las Fuerzas para la Defensa Civil, creada en abril por la disidencia.

La milicia del NUG tiene por objetivo derrocar a la junta militar que tomó el poder de Birmania el pasado 1 de febrero mediante un golpe de Estado incruento y arrestó a los principales líderes políticos, incluida la derrocada líder de facto Aung San Suu Kyi.

Alrededor de un centenar de soldados desfilan en la ceremonia, conforme a las imágenes publicada por el NUG.

Las fuerzas de seguridad, que han reprimido con brutalidad las protestas en oposición al régimen castrense, también se enfrentan a varias guerrillas étnicas que han abierto o avivado frentes de combate por todo el país tras la sublevación militar.

Las masivas manifestaciones pacíficas en las grandes urbes se han visto extinguidas por la violencia ejercida por las autoridades, que han disparado a matar contras los disidentes, pero continúan las protestas relámpago, que surgen sin previo aviso y de corta duración para evitar la respuesta de los uniformados.

Además las manifestaciones continúan a diario en pequeñas poblaciones en ausencia de un despliegue militar.

No obstante, muchos jóvenes han decidido tomar las armas contras el Ejército ante el lento avance de las protestas pacíficas.

Al menos 833 personas han perdido la vida desde el golpe de Estado por la represión ejercida por las fuerzas de seguridad contra la disidencia, según el último informe de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos.

El Ejército justificó el golpe por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido de Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, con el aval de los observadores internacionales.

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