Buenos Aires,- El respeto a los muertos y sus familiares es un reclamo global en medio de la pandemia de COVID-19, cuando la urgencia por atender a los enfermos deja en segundo plano el manejo de los cadáveres. Es por eso que el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se ha propuesto aportar su conocimiento para lograr un último adiós con dignidad.

Este equipo, de extensa trayectoria en el reconocimiento de restos de víctimas de conflictos violentos, se muestra preocupado en momentos en que se observa que varios países optan en la emergencia por fosas comunes y sepultar cuerpos sin identificar.

“En los casos de desastres masivos, y este es un desastre masivo constante, tiene que haber alguien desde el Estado que piense con la cabeza fría no sólo en cuestiones de salud sino también en cuestiones de dignidad y respeto a los muertos y sus familiares”, declara a Efe el director ejecutivo del EAAF, Luis Fondebrider.

Cuando ya suman más de 275.000 los muertos por el COVID-19 en todo el planeta, el experto sostiene que en esta crisis “lo más importante es que los diversos sectores del Estado que se encargan del manejo y gestión de los cadáveres se sienten en una misma mesa y acuerden un trabajo en conjunto, esto implica también a las funerarias, a los cementerios y al personal de hospital”.

Y para sumar su experiencia, el prestigioso equipo de antropólogos armó una biblioteca digital que reúne toda la información disponible a nivel internacional sobre el manejo y la gestión de personas fallecidas en relación con el coronavirus, promover el derecho de un tratamiento digno y respetuoso para las familias y los muertos y compartir pautas seguras para el personal de salud, forense y funerario.

CUERPOS NO IDENTIFICADOS

El Equipo Argentino de Antropología Forense lleva más de tres décadas trabajando en el reconocimiento de restos de personas desaparecidas alrededor del mundo y tiene enorme experiencia en la búsqueda de cuerpos en fosas comunes y su posterior identificación, por lo que las imágenes sobre la pandemia prendieron las luces de alarma.

“Me preocupan dos situaciones: lo que hemos visto en Estados Unidos, por el manejo de los primeros días con esas fosas comunes en Nueva York, que no es una buena práctica, y me preocupan mucho países como México y Brasil, que ya antes del coronavirus tenían manejos muy deficientes y muy complejos con los cadáveres no identificados”, admite Fondebrider.

El experto afirma que “México tiene miles de cuerpos no identificados por la violencia, en el caso de Brasil sucede lo mismo, miles de cuerpos que van a parar a fosas no identificadas por cuestiones de procedimiento”.

“Pero celebro que hayan utilizado ahora nuevos protocolos, que hayan tomado conciencia de ello, pero son situaciones que siempre nos preocupan”, remarca Fondebrider, quien señala que también “hay casos en España y en Italia pero no son muchos los cuerpos no identificados”.

NO A LAS FOSAS COMUNES

En los momentos más críticos de la pandemia, en los que los muertos se cuentan de a varios cientos o miles a diario, se multiplican las informaciones acerca de fosas comunes en las que las autoridades buscan sepultar de urgencia a las víctimas fatales del COVID-19.

“Lamentablemente, cada vez que hay un desastre masivo los países apelan a esa costumbre por razones políticas, por razones de orden general, pero no es una buena práctica utilizar fosas comunes”, advierte el director del EAAF.

“¿Cómo deberían inhumarse esos cuerpos? Debería ser una sepultura individual con una correcta identificación, con la posibilidad de que si en un futuro hay información para identificar ese cuerpo el familiar pueda hacerlo. No hay ninguna razón para utilizar fosas comunes, no solamente por cuestiones técnicas sino también por temas de un entierro digno y respetuoso del cuerpo”, subraya el experto.

Fondebrider insiste en la necesidad de que exista una oficina que atienda los reclamos de los familiares que acuden desesperados a querer saber qué pasó con su ser querido: “Siempre hay forma de evitar estos entierros urgentes sin público ni ningún tipo de información”.

La información es clave para los deudos, porque los ayuda a aceptar mejor el proceso, por lo que “en la medida en que no se informe no sólo se pierde respeto con el caso sino que los familiares tienen dudas, tienen incertidumbres y se pierde la confianza”.

“Gran parte del ritual que hacemos todos los seres humanos va a ser reducido y restringido -tocar el cuerpo, la cantidad de gente que asiste al entierro- pero se puede hacer, y lo más importante es que se pueda dar una explicación. Y no que el cadáver desaparezca y no se enteren qué pasó con él”, señala.

¿QUÉ PASA CON LAS AUTOPSIAS?

En una situación tan abrupta e inesperada como esta pandemia intervienen muchas áreas del Estado que habitualmente no dialogan entre sí y, así como médicos infectólogos brindan sus recomendaciones al presidente, Fondebrider propone que también los forenses se sumen a la comisión asesora.

“En los casos, que son muy comunes en América Latina, donde la causa de la muerte no es clara y se sospecha de muerte violenta, en esos corresponde además la intervención de la Justicia, ya sean fiscales, el juez, la Policía, los médicos forenses. Todas esas personas también tienen que estar sentadas en la mesa y acordar qué hace cada uno”, sugiere el director del EAAF.

También llegan personas fallecidas de cárceles y, según advierte Fondebrider, “toda muerte en un centro de detención es una muerte sospechosa y debería ser tratada como tal”.

El problema en medio de la pandemia es cómo hacer una autopsia bajo todas las normas de seguridad necesarias: “En Argentina no hay ninguna morgue que tenga capacidad para hacer un autopsia de un cuerpo H3, que es la categoría que tienen estos cuerpos con coronavirus, que son medidas de seguridad muy extremas como el control de la ventilación en la morgue, el tipo de equipamiento, la circulación dentro de la morgue”.

“Eso es importante destacarlo porque va a haber casos de cuerpos no identificados que con la excusa del COVID-19 no van a ser autopsiados y pasan a ser un NN, una persona sin identificación más”, señala el jefe del equipo de antropólogos que entre las tareas que tuvo que poner en pausa por el coronavirus se destaca el proyecto “Frontera” en México, Estados Unidos y Centroamérica para identificar a los migrantes que mueren en su intento por llegar a EE.UU.

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