México.- Los habituales ríos de gente del aeropuerto de Ciudad de México imprimen este miércoles una imagen de normalidad al aeródromo capitalino que se ve interrumpida en la puerta de llegadas internacionales, donde una familia con mascarillas se pone guantes de látex para abrazar a su hijo.

Hugo acaba de llegar a México desde Barcelona, una ciudad sumida en la cuarentena decretada en toda España. Se fue hace un mes a la capital catalana para un intercambio de estudios que ha tenido que interrumpir abruptamente por el dichoso coronavirus.

“Allí se tomaron las medidas que se tenían que tomar, la cosa es no esparcir el virus”, cuenta este joven sobre la experiencia de tener que estar confinado en casa y solo poder salir para comprar alimentos.

España declaró el estado de alarma el pasado sábado, cuando contabilizaba 132 muertos y más de 5.100 infectados. Este martes las cifras ascendían a 741 fallecidos y más de 14.600 enfermos de COVID-19.

Mientras tanto, en México llueven las críticas al Gobierno por no tomar medidas drásticas frente a la pandemia, que afecta a 118 personas en el país, y evitar que se llegue a la situación de España.

Con una mascarilla blanca atada en la cara, Hugo lo tiene claro: “Los mexicanos tenemos que ser conscientes de que en cada uno está la reacción, más allá de lo que digan las autoridades. No hay que salir ni ir a eventos masivos”, sostiene.

CONTROLES EN EL AEROPUERTO

En el mismo vuelo aterrizó Óscar, originario de Sinaloa, tras estar dos meses en Barcelona. A diferencia de Hugo, él no lleva mascarilla, pero todos ellos han tenido que pasar por un control de temperatura al bajar del avión.

Según las autoridades mexicanas, la inmensa mayoría de casos confirmados de coronavirus han sido importados de España y Estados Unidos. Por eso, desde finales de febrero realizan pruebas a pasajeros internacionales sospechosos, aunque ninguna de las 500 hechas hasta ahora ha dado positivo.

Óscar cree que las medidas adoptadas en España tendrán efecto porque “la gente tiene mucha conciencia” y cumple la cuarentena, pero le inquieta que el hecho de que la situación en México todavía no sea tan grave provoque que la población mexicana esté menos concienciada.

A Amaya la espera un amiga con el cartel “Welcome Home”. Pero ella, a quien la crisis sanitaria pilló de vacaciones en Barcelona, también tiene un contundente mensaje para sus conciudadanos mexicanos: “A todos nos va a pasar lo mismo”.

Hace unas 15 horas, ha podido ver a través de la ventana de un taxi el aspecto fantasmagórico de las calles de Barcelona, de donde pudo salir porque tenía un billete de avión.

Y mientras arrastra su gigante maleta hacia la salida de la Terminal 1 se gira para regalar una sugerencia a este reportero: “Diles a todos que hay que confinarse en casa”.

LA ECONOMÍA SE RESIENTE

Las casetas de cambio del aeropuerto son testimonio de la crisis desatada por el virus de Wuhan. El peso mexicano volvió a marcar este miércoles por tercera jornada consecutiva un nuevo mínimo histórico al intercambiarse en 23,93 unidades por dólar.

En uno de esos puestos hace cola para cambiar sus euros Joan, quien avisa por teléfono a alguien en catalán de que ya ha llegado a México.

No es ni mucho menos la primera vez que viaja a tierras mexicanas, pues lleva más de 20 años viviendo entre Espluga de Francolí, en Tarragona, y Xalapa, en Veracruz, donde tiene varios restaurantes.

“He huido de allí. Tenía que regresar en mayo pero he vuelto antes. Compré el vuelo la semana pasada y ya casi no quedaban”, explica Joan, quien dentro de poco se reencontrará con sus hijas, que viven en México.

A diferencia de otros países latinoamericanos, México no ha cerrado sus fronteras ni ha restringido los vuelos al extranjero, pero las propias aerolíneas están reduciendo las frecuencias por una drástica caída de la demanda.

Joan explica que la cuarentena es “psicológicamente desgastante” y que en su tierra hay quien sale de casa con pan seco para simular que ha ido a comparar y que le de el aire.

Por ahora, el Gobierno mexicano no se plantea obligar el cierre de negocios e imponer una cuarentena por las duras consecuencias que tendría en un país donde más de la mitad de la población está empleada en la economía informal.

“Si aquí pasa esto, todo se va a la mierda”, resume Joan.

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