Redacción Internacional.-Conquistó festivales como Cannes y Berlín con sus retratos cotidianos de la emigración turca -“Contra la pared” (2004), “Al otro lado” (2007)-, pero en “El padre”, el director Fatih Akin se ha sumergido en una gran producción, rodada en cinco continentes, sobre el genocidio armenio, The CUT.

“Siempre quise hacer una película así, no pensé en el tamaño”, afirma con motivo del estreno del filme, protagonizado por Tahar Rahim (“Un profeta”), y que en su debut en el Festival de Venecia el verano pasado no convenció a la crítica.

“No me interesa ser conocido como ‘autor europeo’, no quiero ser esclavo de un estilo cinematográfico o de una imagen que se haya formado de mi. Siempre puedo volver a hacer una película con dos actores encerrados en una habitación, pero no me interesa.

“Prefiero experimentar y aprender otras cosas”, añade el cineasta, actualmente inmerso en un guión para una película infantil de animación.

Con un presupuesto de unos 16 millones de euros, un coguionista de excepción, Mardik Martin (“Toro Salvaje”, “Malas Calles”), y localizaciones en Cuba, Jordania, Alemania, Malta y Canadá, “El padre” (“The cut”) cuenta la historia de un superviviente del genocidio perpetrado por Turquía contra la población armenia en 1915.

La historia arranca cuando Nazaret, un cerrajero que vive feliz con su familia en la ciudad de Mardin, en el límite del imperio otomano, es enviado por la policía a un campo de trabajos forzados. Ahí empieza un calvario que le lleva a cruzar medio mundo hasta llegar a La Habana y a Estados Unidos en busca de sus hijas.

Más que en los asesinatos, he querido centrarme en la historia de supervivencia y búsqueda, que ha aportado así su grano de arena para poner sobre el tapete unos crímenes que dejaron millón y medio de víctimas y que durante mucho tiempo estuvieron silenciados.

Dejando a la crítica a un lado, el director reconoce que sus ambiciosas expectativas de cara al público se han colmado sólo en parte.

“Quería hacer una película que un fascista turco pudiera ver sentado al lado de una víctima armenia, dejando sus opiniones políticas fuera de la sala. Para mi el cine es una habitación para el cambio, de la que puedes salir transformado”.

“Y sí creo que algo he conseguido, pero poco y en el sentido contrario al que esperaba. Intenté construir una historia que removiera a ambas partes, y lo que ha ocurrido es que todo el mundo ha tenido problemas con ella”, admite.

Entre los armenios, explica, a muchos no les ha gustado que sea un director de origen turco quien contara su historia. En cuanto a los turcos, Akin, nacido en Hamburgo en 1973, ha recibido amenazas hasta el punto de no poder moverse libremente por el país.

“Me preocupaba mucho conseguir un equilibrio en el tratamiento de ambas partes, quizá eso significa que lo he conseguido. Ningún grupo político puede beneficiarse de la película”.

“Turquía está llena de contradicciones”, prosigue. “Por un lado tenemos un presidente conservador y nacionalista como Erdogan pero al mismo tiempo están las minorías -armenios, kurdos, cristianos- que ahora han entrado en el Parlamento. Por un lado somos un país musulmán conservador, y por otro hay una fuerte comunidad gay”.

“Y eso se ha reflejado en las reacciones que ha habido con “El padre”. He recibido amenazas en la calle, pero la película se ha podido estrenar sin problema en salas comerciales. Ese es el estado actual del país, es muy complejo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí