Dàmaris Torrado

Lleida (EFE).- El guionista y director de cine argentino Carlos Sorín, que ha acudido a Lleida a recoger el Premio de Honor de la Muestra de Cine Latinoamericano de Cataluña, considera que el llamado cine latinoamericano “es una entelequia y no existe como tal”.

En una entrevista con EFE, Sorín explica que hay coproducciones entre determinados países que funcionan, como entre España y Argentina o entre Argentina y Uruguay, debido a la hermandad y los lazos existentes entre ambos países.

Sin embargo, considera que el cine latinoamericano como tal no existe. “En Argentina, por ejemplo, jamás hemos hecho una coproducción con Brasil y somos vecinos. Por eso digo que es una entelequia lo del cine latinoamericano, no existe, en todo caso existen muchos cines latinoamericanos”, sostiene.

El cineasta añade además que la lengua une a algunos países, pero “relativamente”. “Agarras una película chilena o peruana y no entiendes nada”, apostilla.

Pese a ello, Sorín se muestra contento y agradecido de un premio a su trayectoria como el recibido este pasado viernes por la noche en la Mostra de Lleida.

“Recibir un premio y no tener que presentar película es maravilloso porque los premios se sufren. Es muy gratificante. Yo trato igualmente de tomar cierta distancia y no creérmelos”, apunta.

Este premio del certamen catalán a Sorín llega después de una peculiar trayectoria en la que ha ido varias veces del cine a la publicidad y al revés, motivo por el que solo cuenta con ocho películas en su filmografía, pese a lo cual se ha ganado un nombre y su estilo es reconocido y admirado de forma mayoritaria por la industria.

“He ido pasando del cine a la publicidad por mis temores y porque la publicidad me daba dinero, mucho más de lo que necesitaba. He ganado mucho dinero en la publicidad y era difícil dejarla porque era una jaula de oro. Es un cordón umbilical muy difícil de romper pero creo que debería haber dejado la publicidad muchos años antes de lo que la dejé para hacer cine porque la publicidad más allá del dinero no te da nada”, asegura.

Y es que a Sorín la publicidad no le motiva artísticamente y además ha tenido que quitarse muchos vicios y guiños que, asegura, no le han servido para nada a la hora de hacer cine.

“Como mucho haber hecho publicidad me ha dado una cierta agilidad mental o cierta capacidad para resolver situaciones pero nada más, en general es mucho más lo que tienes que sacarte de encima y empezar de vuelta que lo que te sirve”, explica.

El director añade en este sentido que la publicidad es una simple “feria de vanidades”, pero que el cine, que considera ahora su oficio, sí que vale la pena, porque muchas películas “van a quedar”.

Respecto a su estilo, que algunos críticos han comparado con la manera de hacer del cine iraní, Sorín considera que no tiene un estilo propio más allá de que en sus filmes siempre habla de las cosas que a él le interesan, que no son más que “los temas tradicionales de la dramaturgia”: la condición humana, la esperanza, la culpa, la felicidad.

Eso sí, Sorín reconoce que en todos sus filmes, además de tratar esos temas que le interesan, hay un común denominador, que es su tendencia a simplificar.

“Intento lograr la mayor intensidad en lo que estoy contando con menos recursos. Eso lo tengo bien consciente, limpiar, porque cuando empiezo un guión que es complejo en filmación le voy quitando cosas que veo que son insustanciales y luego en edición le quito muchas más cosas. Es un proceso de deconstrucción para llegar a lo esencial, llegar a una película eficaz con poco. Con eso me siento identificado, pero eso es muy amplio”, explica.

Por eso asegura que no sabría qué hacer si le dieran cinco millones de euros para hacer una película. “No sé qué haría, no se me ocurriría ninguna”.

Pese a ello, no rechaza de forma categórica acabar haciendo un cine comercial o incluso películas de ciencia ficción, por ejemplo, principalmente por el reto que le supondrían.

Sea como sea, asegura que en la actualidad le da mucha importancia a las condiciones de rodaje y cita en este sentido una frase del cineasta francés Claude Chabrol, que aseguró que buscaba localizaciones para sus películas en función de si había cerca buenos restaurantes.

Sin embargo, Sorín se contradice entre lo que dice y lo que hace, ya que uno de sus escenarios preferidos para rodar es la Patagonia, que según sus propias palabras “es un lugar difícil para filmar, es incómodo, no hay buena comida ni buenos hoteles”.

“Voy allá porque no tiene color local, es como una abstracción. Porque los problemas humanos son de la naturaleza humana y no se adscriben a una cosa específica del momento. En Buenos Aires es muy difícil hacer una película de este tipo por ejemplo porque es muy impregnante, en cambio en la Patagonia es neutra, esa neutralidad del escenario me gusta”, concluye. EFE

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