Santo Domingo.- Las relaciones entre la República Dominicana y Haití, salvo en contadas ocasiones, no han sido excesivamente suaves.

Sea cual sea la razón de ello, por la ocupación del territorio dominicano durante más de veinte años o por el trato dispensado al país vecino, por anteriores gobiernos, ambos países están condenados a entenderse.

El principal caballo de batalla ha sido el problema migratorio.

La presencia masiva de inmigrantes haitianos en territorio dominicano es causa de diferencias entre ambos países.

La sentencia del pasado mes de septiembre del Tribunal Constitucional (TC) dominicano que establece los parámetros para otorgar la nacionalidad ha vuelto a poner sobre el tapete que se trata de un tema espinoso y que las autoridades de ambos países no deben dejar que el asunto enquiste las relaciones.

Ambos países por razones, principalmente de vecindad, humanitarias y comerciales, están condenados a aceptarse.

Acertadamente, el exembajador dominicano en Estados Unidos Flavio Darío Espinal aseguraba esta misma semana que las relaciones entre ambos países pasan ahora a un nuevo escenario.

Pero advertía que “eso no debe dar lugar a que entremos en pánico, ni actuar de manera desproporcionada”.

A su vez, subrayaba la necesidad de proponerse “no profundizar en las diferencias”.

Y es que es más lo que une que lo que les separa.

“Hay que buscar un balance entre la defensa de los intereses del país con la búsqueda de algún tipo de diálogo que permita que la relación sea efectiva”, opinaba Espinal.

El que también fue embajador dominicano ante la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendaba a las autoridades dominicanas, a raíz de la sentencia, a manejarse con “cabeza fría, agudeza y habilidad diplomática”.

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Una cabeza fría necesaria para contribuir a un entendimiento necesario e imprescindible, teniendo en cuenta el dato nada desdeñable de que el país vecino, con el que comparte el territorio que conforma la isla, se encuentra entre sus tres principales socios comerciales.

Entre 2006 y 2012 la República Dominicana exportó más del 70 por ciento de sus productos a Estados Unidos, Haití y Puerto Rico.

En el 2012 Haití centró el 15 por ciento del total de las exportaciones dominicanas y el 30 por ciento de sus importaciones.

Las exportaciones haitianas hacia República Dominicana son de más de diez millones de dólares anuales.

Y no hay que olvidar tampoco el movimiento que generan los mercados fronterizos binacionales.

El comercio entre ambos países, mueve por los cuatro puertos fronterizos terrestres más de 1.320 millones de dólares anualmente en comercio formal y unos 528 millones de dólares en el mercado informal, para un total de 1.848 millones de dólares cada año.

A raíz de la veda a los productos avícolas dominicanos realizado por las autoridades haitianas, el especialista en mediación y solución de conflictos Nelson Espinal, aseguraba que las relaciones dominico-haitianas están condicionadas por “una imagen del enemigo”, la cual consiste en la concepción militarista de las relaciones internacionales, e incluso, de las relaciones humanas.

A su juicio, Haití y República Dominicana deben cambiar su visión el uno del otro y verse como aliados.

Y es que solo partiendo de aceptar como es cada uno podrán llegar cada uno al necesario entendimiento.

No servirá de nada seguirse echando la culpa mutuamente de lo que le ocurre el otro.

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