Científicos europeos tienen previsto estudiar planetas extrasolares con un telescopio colgado en un gigantesco aerostato.
En cierta medida se trata de la repetición del experimento ruso de mediados de la década de 1980, en el que se utilizaban sondas espaciales para el estudio de otros planetas. Entonces los aparatos Vega 1 y Vega 2 lanzaban a la atmósfera de Venus aerostatos, equipados con aparatos de investigación.
Pero el globo europeo no se alejará mucho de la Tierra y planeará libremente a cuarenta kilómetros de altura. Allí las condiciones para las observaciones astronómicas son ideales: casi toda la atmósfera, el 99,5 % de la masa, está concentrada debajo de ese nivel. El aire vuelve difusa la imagen y, por eso, en las condiciones terrestres se utilizan complicados instrumentos ópticos adaptativos.
Semejante telescopio no necesita de un cohete costoso para ser llevado al espacio y el propio aparato se puede construir rápidamente. En la universidad de la capital de Gales, Cardiff, donde se está trabajando en dicho proyecto denominado EchoBeach, esperan que el globo sea lanzado en 2017. El diámetro superará la mitad de la altura de la torre Eiffel.
Los aerostatos son una excelente ayuda para los astrónomos, si bien hay una serie de restricciones, dice el científico jefe del Instituto de Física de la Academia de Ciencias de Rusia, Serguéi Bogachiov:

Cuando lanzamos un aerostato, no nos libramos completamente de la atmósfera terrestre, esta solo se vuelve más transparente. Por eso, por ejemplo, los telescopios de rayos X no se pueden lanzar en aerostatos, dado que la atmósfera igualmente retendrá la radiación. Esto se emplea en la astronomía infrarroja y asimismo en diapasones de rayos gamma muy duros, donde la atmósfera a semejante altura es transparente.
Según los británicos, el telescopio montado debajo del globo será precisamente infrarrojo. Durante su creación los constructores deberán resolver complicados problemas, explica el jefe del Departamento de Física de los Sistemas Solares del Instituto de Astronomía de la Academia de Ciencia de Rusia, Oleg Malkov:

El mayor problema es el de la estabilización. Lo importante durante las tomas es mantener el telescopio apuntando hacia un mismo punto. Otro problema importante es el de la refrigeración. Para la recepción de radiación infrarroja el propio telescopio no debe emitir radiaciones. Todo el dispositivo debe estar a temperaturas criogénicas.
Las posibilidades del EchoBeach serán más modestas que las del observatorio orbital de la NASA Kepler, que descubrió ciento treinta y cuatro planetas extrasolares. EchoBeach podrá detectar los más grandes y calientes de ellos del tamaño de Júpiter. ¿Qué falta hace entonces un instrumento no del todo perfecto? Una de sus tareas consiste en verificar la construcción y el diseño del telescopio que se tiene pensado utilizar en la próxima misión de la Agencia Espacial Europea, subraya Oleg Malkov:
–Simplemente no hay donde verificar el telescopio infrarrojo. Debemos llevarlo al espacio, desde la superficie de la Tierra no nos dará nada. Las verificaciones deben realizarse en las capas altas de la atmósfera.
La futura misión para la investigación de los planetas extrasolares de la Agencia Espacial Europea fue denominada Echo. El proyecto de emplazamiento de cinco telescopios espaciales en el punto Lagrange L2, que se encuentra en la continuación de la línea Sol-Tierra. Los lanzamientos se realizarán en cohetes rusos desde el cosmódromo de Kourou, en la Guayana Francesa, no antes de 2022. La misión Echo no apunta al descubrimiento de nuevos exoplanetas, sino al estudio de la composición atmosférica de los ya conocidos. Hasta ahora los astrónomos han insertado en los catálogos casi un millar de planetas extrasolares, pero solo de ocho se logró obtener una noción sobre su composición atmosférica.
Leer más: http://spanish.ruvr.ru/2013_09_26/Aerostato-permitira-estudiar-el-espacio-lejano-3877/

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