Nueva York,.- Apasionado por la luz desde que de niño recorría los clubes nocturnos que regentaban sus padres en la Ciudad de México, Rafael Lozano-Hemmer convierte hoy en cientos de destellos las voces “sin censura” del público neoyorquino con su última instalación en el túnel de Park Avenue.

“En lugar de crear una pieza moralista sobre la circunstancia casi ‘orwelliana’ en la que se encuentra la sociedad actual, quería crear una obra donde el público pudiera expresarse sin censura, sin control”, explica en una entrevista con Efe el laureado artista mexicano-canadiense.

El “Túnel de Voz” transforma ese paso subterráneo situado entre las calles 33 y 40 de Manhattan, que jamás había sido abierto a los peatones en sus casi 180 años de historia, en una instalación artística compuesta por trescientas luces teatrales y ciento cincuenta altavoces.

Esta obra efímera de tan solo tres días de vida, que se inauguró el pasado sábado y solamente se podrá ver hoy y el sábado que viene, gira en torno a un intercomunicador situado justo a la mitad del túnel al que cualquier transeúnte puede acercarse, apretar un botón, y decir lo que quiera.

El mensaje es grabado y reproducido en bucle por un altavoz y, dependiendo de la frecuencia y el volumen del sonido, centellean los dos cañones de luz situados a ambos lados de ese amplificador. Cuando otra persona graba un nuevo mensaje, el anterior se desplaza en dirección hacia la salida.

Alcanzar la libertad en esta pieza no fue fácil para el artista. La policía de Nueva York le solicitó que dejase pasar cinco segundos desde que la persona hablaba hasta que se reprodujera su voz para poder hacer una “selección” de los mensajes, pero el artista se negó en banda.

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Finalmente llegaron a un entendimiento, por el cual ha creado una opción para borrar mensajes de forma instantánea en el caso de que alguien pudiera generar una situación de pánico -como gritar “¡fuego!”-, pero solamente su equipo tiene acceso a ese interruptor y todavía no ha sido utilizado.

“Sobre todo después del caso de (Edward) Snowden y que sabemos de Prism y Echelon y todos estos sistemas de vigilancia, (quería) darle la vuelta a esas tecnologías y usarlas para crear cosas más poéticas o más críticas”, explica este artista, que se ha convertido en uno de los nombres más relevantes del arte electrónico.

La instalación forma parte del festival “Summer Streets” que organiza cada año la ciudad de Nueva York, por el cual se cierra a los automóviles la avenida Park Avenue durante tres sábados, desde las 7 de la mañana hasta la 1 de la tarde, para que los ciudadanos “puedan tomarla”.

La interacción con el público ha sido el eje angular del trabajo de Lozano-Hemmer, quien coincide con Marcel Duchamp en que el público hace a la obra. “El proyecto está totalmente fuera de mi control, casi nunca lo que yo me imagino que va a suceder sucede y eso es lo bonito, te sorprende la gente de cómo los puede utilizar”.

Así ocurrió el pasado sábado, cuando, para su sorpresa, el público neoyorquino se mostró al principio algo más tímido de lo que esperaba, aunque poco a poco fueron tomando confianza e incluso se animó un grupo de “beatboxers”, que utilizaron la pieza “de una manera que es casi imposible que pueda el público normal porque son verdaderos virtuosos de la voz”.

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“Pero quizá una de las cosas más entrañables fue un señor que le pidió matrimonio a su novia, la novia le contestó y sus grabaciones se convirtieron en luz y fueron centelleando a través de todo el túnel juntas, es una especie de metáfora de conexión que a lo mejor para esta pareja la pieza tiene más importancia simbólica que para mí”, asegura.

Con su “Túnel de Voz”, Lozano-Hemmer sigue moldeando su pasión por la luz, que nació de los clubes nocturnos y discotecas que regentaban sus padres en la Ciudad de México, donde empezó a ver la luz como un sinónimo de “la artificialidad, la fiesta, la decadencia”.

El artista recuerda que estuvo “sujeto a experiencias desde muy temprana edad” en esos clubes, “no solamente a nivel tecnológico por las luces o los altavoces, sino también a nivel social experimental”, puesto que explica que sus padres fueron los primeros en llevar un espectáculo de travestis a la Ciudad de México.

“Yo convivía con esta farándula, con la gente de la noche, y al final es como un fondo muy proclive para hacerte artista”, concluye. EFE

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