SEVERO RIVERA.

DESAHOGO/

SANTO DOMINGO. Parece que estamos viviendo una crisis eléctrica que nos remonta a diez años atrás, cuando nadie podía afrontar con seriedad esta problemática. Los denominados sectores de 24 horas se fueron a pique.

Somos un país que procura abrirse paso ante un mundo que no se detiene. Si bien es cierto que tenemos un Presidente que lleva una buena apuesta internacional, no es menos cierto que para la solución de este problema las calificaciones están en rojo.

La falta de energía eléctrica viene a sumarse a las dificultades que enfrenta un país. Altas cargas impositivas, dificultad para conseguir un empleo, reducción de nóminas en muchas empresas, recursos presupuestarios para desarrollar proyectos. Esto choca de frente con la gran inversión económica que está haciendo la Secretaría de Estado de Turismo de cara a la venta del país como destino turístico.

De qué vale promovernos si mínimamente no se puede garantizar un servicio de energía adecuado.

Se habla de deudas millonarias por parte del gobierno a los suplidores privados. No es ni será la última vez que eso suceda. Lo que si carecemos es de una falta de voluntad política seria, sin complicidades que permita resolver una situación que nos da en la cara.

Ya murieron dos personas ayer. Gente que según sus familiares no estaba en una protesta que se desarrolló en el barrio Capotillo. Las perdidas humanas duelen, pero laceran más cuando hay menores, ojalá y se encienda la chisma. Ese es el lujo que nos damos los dominicanos en pleno siglo 21

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