Madrid.- Felix Van Groeningen dirige «Beautiful boy, siempre serás mi hijo», una película basada en una desgarradora historia real que indaga en los demoledores efectos que tiene para una familia la adicción a las drogas de uno de sus miembros.

«La adicción no es un delito, ni es una elección, es una enfermedad, y eso es lo que tanto el autor del libro, como yo, queríamos sacar a la luz y dejar bien claro», defiende el realizador belga en una entrevista con Efe realizada en el marco del 66 Festival de Cine de San Sebastián y cuya cinta se estrena mañana viernes en España.

Basada en el best-seller del periodista David Sheff, sobre su propia experiencia con la adicción de su hijo Nic, «Beautiful boy» cuenta los desesperados intentos de una familia acomodada que ve cómo el primogénito, un chico con aspiraciones intelectuales, buena notas y una educación impecable, se pierde definitivamente a los 18 años y no pueden hacer nada por ayudarle.

«Cuando leí los libros, me di cuenta de que no teníamos las herramientas adecuadas. Por un lado, creo que en mi país, en Europa en general, no hablamos demasiado de esto -adicción-. En Bélgica, hay miedo a ser juzgado, hay silencio, hay vergüenza. Se considera extraño, pero, aunque nadie lo cuente, está ahí», reflexiona el director.

De modo que, una vez terminado el trabajo y vistas las reacciones que suscitaba «Beautiful boy», indica Van Groeningen, lo logrado por la película «fue algo impresionante», porque «se iniciaron muchos debates».

Producida por Amazon Studios y protagonizada por Steve Carell y Timothée Chalamet, dos actores que optaron a Óscar (Carrell por «Foxcatcher», 2014, y Chalamet, por «Call me by your name», 2017) «Beautiful boy» cuenta la historia de Nic Sheff, adicto a la metanfetamina, a través de los ojos de su padre.

Conocido en España por «Alabama Monroe» (2012), Van Groeningen afirma que el libro contenía prácticamente todas las respuestas a sus dudad puesto que Sheff es «un periodista muy concienzudo, muy detallista, y el libro tienen gran cantidad de información, está lleno de ejemplos. Aún así -comenta- no pregunté mucho porque quería sentir todas esas cosas emocionalmente».

La película está contada con continuos flashback (saltos atrás) en los que la familia, pero sobre todo el padre, repasan una y otra vez momentos de la vida de su hijo para tratar de entender; él es periodista «freelance» (por libre) e investiga todo lo que puede sobre el efecto de las drogas; incluso, llega a buscar y esnifar alguna de ellas.

«Fuimos creando conversaciones a partir de las experiencias personales» aunque reconoce que ni él le preguntó ni Sheff le indicó su posición respecto a la legalización de las drogas.

Quien sí fue claro fue el actor Timothée Chalamet, que acudió a San Sebastián a presentar la cinta donde defendió su postura favorable a la despenalización de las drogas, convencido de que sólo pasan tiempo en la cárcel los «camellos» y nunca los responsables de las grandes redes.

Van Groeningen habla maravillas del joven actor, al que compara con Leonardo Di Caprio o Brad Pitt, quien por cierto, participa en la producción de «Beautiful boy».

Asegura que es «muy disciplinado», aunque enseguida añade que es «la única manera» de llegar a algo en el cine, y alaba su capacidad de elegir: «Sabe qué tipo de películas quiere hacer y con qué directores».

«Tiene un potencial increíble, sobre todo porque trabaja muy duro. Cuando llegó al set todos vimos todos que tiene ese ‘don'», afirma el belga quien augura una importante carrera al joven de 22 años, hijo de padre francés y madre neoyorquina, y descendiente de judíos rusos y austriacos. EFE

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