Por: Abil Peralta Agüero

Escritor, poeta, crítico de arte, curador, consultor cultural

Santo Domingo. 10 de abril del 2021, fue el día que el enigmático e insondable  calendario de la vida fijó para escribir el adiós que Marcio Veloz Maggiolo grabara como silueta para despedirse de sus seres más amados, sus hijas Larrisa y Nathalie, y de sus nietas Camila, María Fernanda y Amalia; de sus amigos más distinguidos, y del país que tanto amó, y a cuya obra cultural entregó su vida entera.

Marcio, el nacido el 13 de agosto de 1936, murió este recién pasado sábado 10 de abril víctima de la sombría Pandemia del Covid-19, esa fatídica atmósfera de tensión, muerte  y miedo que ha contaminado y transformado el cuerpo de las emociones y las vidas de toda la humanidad en apenas los dos últimos años  de este siglo xxi que nos invita, como desafío, a seguir luchando por seguir viviendo.

Marcio Veloz Maggiolo ha partido, y pareciera que en silencio, pero no es así, porque quien se ha marchado es Marcio el escritor gigante del Caribe y de América Latina, admirado, respetado y documentado en toda la bibliografía de la literatura mundial donde se refieren a los estudios caribeños sobre los escritores más connotados de la región, y cuando se anotan a los más calificados cientistas sociales que han concentrados sus visiones y pensamientos para estudiar las culturas del Caribe; porque Marcio, además de un connotado novelista, ensayista y académico, también alcanzó niveles de respetabilidad internacional como antropólogo, arqueólogo, historiador, y también como crítico de arte y pintor.

Aunque una faceta poco conocida, Veloz Maggiolo ejerció con lucidez la pintura, relacionándose en un dialogo entusiasta de intercambio y cercanía en los procesos de creación plástica y visual con sus amigos pintores Elsa Núñez, Cándido Bidó y Leopoldo Pérez (Lepe), además de su vinculo con un sensible  nivel de afectividad con el pintor surrealista Iván Tovar; a este último, precisamente le escribió el texto crítico de presentación de su exposición individual de dibujos “La voluptuosidad de la forma”, presentada con rotundo éxito en 1996, en las salas de Lyle O. Ritzel Galería de Arte de Santo Domingo. El título de la muestra se lo puso Marcio en complicidad con el propio Tovar.

Como memoria histórica del autorreconocimiento de su atención hacia sus destrezas e interés por las artes plastias y visuales, quedó para la historia del arte la memorable exposición que presentaran como núcleo colectivo, Leopoldo Pérez (Lepe), Elsa Núñez, Cándido Bidó, y Marcio Veloz Magiolo en calidad de invitado especial, donde este agudo pensador expuso sus pinturas de impronta de estilo próximo al expresionismo abstracto.

Marcio Veloz Maggiolo fue el escritor dominicano de más amplio reconocimiento nacional de las últimas décadas después de Juan Bosch, una reputación ganada, y así multipremiado, como justo reconocimiento al rigor escritural y calidad de su obra literaria, tanto en el ámbito de la novelística como de la ensayística. Haciéndose merecedor, entre otros, del Premio Nacional de Poesía, 1961, Premio Nacional de Cuento, 1981, Premio Nacional de Novela, 1962, 1981 y 1992, y el Premio Nacional de Literatura otorgado al consagrado escritor e intelectual dominicano por la Fundación Corripio en el año 1996.

Como cientista social, y por los rigores de sus investigaciones y ensayos de antropología y arqueología, se le respetó, admiró y reconoció como un gurú de las Antillas, respetado por los más connotados académicos de  institutos y universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas, soy testigo

La dimensión de su obra literaria de manera integral, en las últimas dos décadas mantuvo la firma de sus libros escrita en gestiones no bien conducidas desde el Estado dominicano, para que su nombre y obra inmensa ocuparan un sitio de atención para ser propuestos y nominado a premios de alcance internacional como el Premio Cervantes, máximo galardón que se le otorga a un escritor vivo en lengua española; pero igual se ha sembrado tinta y propuestas protocolarmente no asumidas responsablemente, para que su nombre y obra, en justo reconocimiento a su multidisciplinaria producción intelectual y literaria,   fuera nominada al Premio Nobel, como valoración a una firma “Marca país”.

Como si de un epitafio autograbado en piedra se tratara, Marcio Veloz Maggiolo  epigrafió en las páginas, (después de la dedicatoria a sus hijas y nietas), de la que fuera su última novela publicada por la fundación que lleva su nombre, unos místicos y enigmáticos textos en prosa llenos de reflexión y  de graficación del espíritu y roles ideológicos del escritor en el acto de escribir: usar el poder y la fuerza de la palabra para ser entendido en la profundidad de su pensamiento y mas alla de los pasos del tiempo y de la vida, como esencia lo fueron los contenidos de su inmensa obra de creación literaria, científica e intelectual: “…Pero siguió como si tal cosa, vertiendo litros de lágrimas, hasta que se formó un verdadero charco a su alrededor: (…) …sí, se quién era yo al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces”. Lewis Carroll, “Alicia en el País de las Maravillas”; y luego, en un segundo tiempo de su pensar la novela y los presupuestos narrativos y surrealistas que desata en el discurrir de las páginas del volumen,  captura con voz profética y clara: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie le entiende…”. Pablo de Tarso, Corintios, 14-2.

Si Marcio en su obra poética, novelística y cuentístico nos habló en lenguas, fue para que el mundo mantenga viva la tarea del desciframiento de su palabra, de su pensamiento agudo y siempre crítico, cargado de un fuerte acento de estremecimiento social y existencial, como si de legislación por y para la vida se tratare. Y así está escrito en el contenido general de Palimpesto, Ediciones de la Fundación Marcio Veloz Maggiolo, República Dominicana, 2020. Veamos en  la Nota del Editor, una brevísima mirada a la estructura de contenido de la que sería su obra para el Adiós.

“Esta nueva novela, Palimpsesto, o la historia de un anciano que sudaba palabras, contiene elementos narrativos muy similares a los utilizados en novelas del mismo autor como son El Sueño de Juliansón, y Biografía Difusa de Sombra Castañeda. El personaje principal es un anciano de imaginación calenturienta cuyo deterioro fisiológico le lleva a crear un mundo ya en abandono, en el cual los libros son también “personajes de biblioteca”. (…) Esta obra colmada de referencia histórica, místicas y con gran contenido autobiográfico encumbra nuevamente al escritor que logra un delicioso nivel narrativo que «empuja» al lector en un recorrido que se torna a veces frenético, para luego tomar un respiro y disfrutar de descripciones luminosas, rebosantes de contenido estético.”

 

 

 

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