EN ESPECIAL

Por: Cristhian Jiménez

 Espero que los peledeistas ha­yan actuado con mayor sen­satez que su je­fe, que los impulsó al en­frentamiento violento en los colegios electorales y que a esta hora no estemos con­tando los muertos de ese arrebato, una suerte de pul­sión de vida.

Lo tomé muy en serio, y no como simple estímu­lo a la participación en­tusiasta, porque el presi­dente Danilo Medina fue insistente y en cada en­cuentro con sus parciales radicalizaba más el recla­mo de defender el voto hasta con sus vidas.

Medina, jefe de campa­ña de su criatura electoral, inició imputando la res­ponsabilidad de la derrota en las municipales a los co­bardes peledeistas que se comportaron como “seño­ritos” en las mesas electo­rales y terminó reclaman­do el reclutamiento de los más guapos para mante­nerle en el poder, “porque es muy serio lo que está en juego”.

En todo caso, la derro­ta no sería su culpa por haber tensionado el te­jido social local y provo­cado a poderes fácticos nacionales y extranjeros al intentar reformar la Constitución por segunda vez consecutiva y preten­der una tercera y forzosa postulación, dividiendo en los hechos a su parti­do. Y al estrellarse, lleno de ira y pasando por enci­ma de las reglas de juego que estableció, imponer a los aspirantes presiden­ciales danilistas a su más incondicional servidor (con uso de fondos públi­cos, según denunciaron dos de los candidatos) y dividir a su grupo y luego formalmente a la organi­zación oficial.

Partido dividido no gana elecciones, reiteró Medina en una reunión con segui­dores la semana pasada, pero extrañamente invo­caba el coraje en las mesas electorales como solución a la falta de entusiasmo e integración a la campaña de Gonzalo Castillo.

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Medina, ha lucido en negación y aunque su can­didato mostró serias debi­lidades, con imposibilidad de ir a entrevistas y deba­tes, aun en ambientes con­trolados por su falta de pe­ricia y los conocimientos básicos para estructurar conceptualmente sus pro­puestas, él buscaba res­ponsabilidades en otros li­torales.

El mandatario y miem­bros del Comité Político del PLD descalificaron en­cuestas y medios de comu­nicación porque consigna­ron mediciones contrarias a la candidatura oficial. Al­gunos se tornaron agresi­vos frente a grupos econó­micos sustentadores de los sondeos.

Y es que Medina, lue­go de la frustración de las municipales, se sintió re­animado al cosechar el uso político de la respuesta a la pandemia de Covid-19, al dejar todo el espacio al can­didato Castillo, mientras la oposición se veía limitada por medidas de restricción como el toque de queda de unos 100 días de duración.

En los últimos 3 me­ses todo ha favorecido a Gonzalo, afirmaba un quejumbroso Medina pa­ra descalificar medicio­nes que colocaban a su candidato en un lejano segundo lugar. Él, que todo lo toma personal y que había proclamado en una reunión partidaria: “con estos hombres y mu­jeres que están aquí, yo particularmente les digo que yo gano las próximas elecciones”.

Medina teme, probable­mente que muchos índices se alzarán en su contra si no logra que su partido re­tenga el poder, situación delicada para un jubilado político.

A Medina le quedaría la esperanza de que el PLD retenga el Senado, en lo que hizo énfasis ha­ce poco, que le evitaría al igual que a Balaguer y al Partido Reformista des­agradables momentos en los meses por venir. Claro, el ambiente no es muy halagüeño con una oposición con acuerdos en 24 provincias para el nivel senatorial.

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¿Los guapos serían pa­ra pelear esa posibilidad y forzar un arreglo como en el 1978, en que se despojó de 4 senadurías al PRD pa­ra “equilibrar” los poderes después de 12 años de to­tal control como el actual?

Sigamos contando…

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