Por Juan TH
A K-bito Gautreaux y Lalo Almonte

Los años pasan y con ellos la vida
Cuando somos jóvenes no valoramos el tiempo
No pensamos en la vejez,
No creemos en la muerte,
No nos damos cuenta que vamos perdiendo fuerzas,
que los reflejos no son los mismos,
que nos cansamos al subir las escaleras,
que nos sofocamos,
La respiración se nos hace lenta,
El corazón se acelera como queriendo saltar del pecho
Y tenemos que detenernos,
Tomar aire y respirar profundo.
No nos damos cuenta que estamos viejos.
El tiempo ha pasado veloz.
como un rayo en la tormenta de nuestras vidas.
Ha llovido sobre nuestro rostro que se ve ajado y arrugado.
Nos miramos al espejo y no nos reconocemos.
Parecemos otro, no el de hace 30 o 50 años, con la piel lozana y fresca
Las cicatrices en la frente dibujadas por el sol,
Las marcas indelebles en las mejillas al sonreír,
La soledad implacable que nos cerca cada vez más,
Que nos mata.
Nada es más terrible, ni más penoso que la soledad de un viejo.
Nada mata más pronto a un viejo que la soledad.
Estar solo y viejo es la muerte misma.
Nadie te visita, nadie te llama, nadie te busca.
No somos nada, no somos nadie, cuando estamos viejos.
Algunos amigos mueren matados por el tiempo
otros se marchan silenciosos huyéndole al destino.
Los hijos se van con el viento,
Les crecen las alas.
nos visitan o nos llaman de vez en cuando,
Los nietos parecen robots apegados a una tableta electrónica.
El reloj biológico avanza inexorablemente,
solo se detiene cuando nuestro corazón deja de latir,
cuando el cerebro deja de pensar,
cuando no podemos hablar,
cuando no podemos respirar.
cuando estamos postrado en el lecho,
cuando la magia de la vida se ha ido,
cuando la memoria se apaga,
cuando el cuerpo nos abandona
Y la nostalgia se vuelve melancólica.
El amor fue tan solo una quimera,
un sortilegio imaginario.
una utopía necesaria.
Vivimos buscando el amor,
Y morimos sin encontrarlo.
Cuando ya no tenemos tiempo,
nos damos cuenta que nada es más valioso ni más importante.
Malgastar el tiempo es malgastar la vida,
es arruinarla atada a las manecillas de un viejo reloj,
es tirarla por la borda en medio del mar embravecido,
es no vivir.
La vida no es tiempo,
el tiempo es vida.
(Hay que ser viejo -como yo- para saberlo.

 

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