En Especial

Por Cristhian Jiménez
Santo Domingo. Fin de un primer año de tolerancia, no exactamente luna de miel, jalonado por la mortífera pandemia covidiana. A partir de ahora las rudezas propias de nuestro belicoso ejercicio político.
El Partido de la Liberación Dominicana aprecia que “el cambio va en reversa”, mientras Leonel Fernández, que lidera la Fuerza del Pueblo se fue a la cocina a reclamar que baje el precio del pollo, sabedor de que los votos están conectados con el estómago. Ambos ven improvisación oficial y censuran el endeudamiento externo y reclaman explicaciones sobre el uso de los empréstitos.
El presidente Luis Abinader hizo un repaso optimista en una impresionante puesta en escena desde las escalinatas del Palacio Nacional, que de inmediato generó una extraña controversia que rivalizó con el fondo del discurso.
Abinader propuso doce reformas entre la que resaltan el pacto fiscal y la modificación constitucional para blindar la independencia del ministerio público y los avances democráticos.
El mandatario dijo que convocaría al liderazgo nacional para establecer un consenso en torno a los cambios propuestos, pero desde los litorales opositores las señales fueron confusas, centradas en rechazar los logros citados. Entidades empresariales y de la sociedad civil acogieron el llamado.
Los que ocuparon el gobierno en los últimos 16 años, ahora separados en dos partidos, molestáronse por la afirmación de Abinader de que el 60 por ciento de los préstamos se usó para pagar deudas pasadas y que por tanto eran otros los que deberían dar explicaciones al país.
Los dos temas fundamentales, reforma constitucional y pacto fiscal, son terrenos minados que requieren los radicalizados votos opositores y que ya dan pie a las diversas teorías, algunas propias de conspiranoicos.
Abinader dijo que se discutirían este año, aunque se supone entrarían en vigencia en 2022, sin que todavía para el caso fiscal la economía se haya recuperado lo suficiente.
¿A quién gravar? A los que más tienen, responden desde el ámbito oficial, aunque la experiencia es que su poder fáctico provoca que las cargas se viertan sobre otros bueyes.
Los muy pobres estarán bajo la sombra de programas sociales que no siempre cubre lo suficiente y el amplio espectro de clase media, como siempre, “la tablita de picar carnes”, aunque en este momento histórico es la más contestataria y registran un cosquilleo en los pies por volver a la protesta en la Plaza de la Bandera. Riesgosa filigrana oficial, porque se requieren recursos y es preciso frenar préstamos.
Sobre la reforma constitucional, aunque se avale la preocupación presidencial sobre el blindaje de avances democráticos, siempre se teme a las asechanzas de sectores que proclamarían cualquier noche “la asamblea es soberana” para colar retrasos centenarios.
Leonel probablemente recele de otro pellizco “a su Constitución” del 2010 y ante el hecho de que reviva a un difunto electoral y se dificulte que el boschismo se pueda nuclear en torno a él para volver al poder en 2024, como planteó la pasada semana.
En el PLD, el danilismo que aún luce dominante, podría gustar de la idea aunque simule y condicione la participación opositora, pero otros anteriormente vapuleados por ese grupo o en proyectos con candidaturas presidenciales avanzadas pincharían ese globo.
Otro obstáculo, es la percepción de algunos sectores, de que el apoyo peledeista podría ser a cambio de impunidad en los casos de persecución de la corrupción. No me inscribo en esa tesis.
Además, ya algunos comienzan a sospechar el inicio del camino de la repostulación de Abinader en muchas de las propuestas presidenciales.
Al final, pasará una reforma fiscal atenuada y Constitución seguirá igual por muchos años…

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