Por Erick S. Rivera

Santo Domingo. Una gran parte de los ciudadanos dominicanos estamos optimistas con la puesta en marcha de la estrategia de ‘Marca País’. Para nadie es un secreto que el sector privado ha sido golpeado fuertemente por los efectos de pandemia y, esta iniciativa está enfocada en atraer nuevas inversiones extranjeras a nuestro territorio, así como el posicionamiento de la República Dominicana.

Se trata, consecuentemente, de una decisión del Estado, que encabezado por el presidente Luis Abinader, quien procura la recuperación del país y el restablecimiento de una marca de 177 años.

Esa marca, que cuenta con todas las características de un paraíso, fue golpeada por la crisis global producida por la pandemia del Covid-19, así como por la inconformidad de un pueblo vulnerado por las elecciones fallidas del 16 de febrero del año 2020. Todo esto, laceró nuestra identidad, una de las figuras más relevantes a la hora de definir la estrategia de ‘marca país’, porque es la imagen que, en su definición es una representación de la realidad.

En este esfuerzo no es válido rendirse. Cuando un pueblo es escuchado e involucrado en el proceso de desarrollo de un producto tan importante como es ‘marca país’, se puede tener la seguridad de que será el mejor promotor. “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”, Benjamín Franklin.

Sin embargo y de manera, casi conjunta, porque debemos avanzar en los objetivos, antes de irnos a conquistar nuevas tierras con la ‘marca país’ primero debemos de reconquistar a nuestro pueblo y hacerlo retomar la confianza en su marca: República Dominicana.  Luego, podemos externarle ese mismo sentimiento a quienes nos visiten, escuchen o lean acerca de esta media isla que con tanto esfuerzo de sus ciudadanos se ha situado en el ‘top of mind’ de los ciudadanos de esos países con mayor ingreso económico.

Actualmente, contamos con una voluntad política de construir una identidad competitiva para agregarle valor al turismo, a las exportaciones e inversiones basándolo en el incremento de la calidad de vida de los ciudadanos, a través de formaciones, y para que nuestro sector productivo nacional sea reactivado de manera eficiente y demostrando una confianza sólida. Siendo eso, el componente perfecto para la estrategia que se está desarrollando.

Es un camino largo que se puede lograr solo con un compromiso ciudadano, donde se comprometa a sanear una marca que durante 20 años se vio envuelta en un camino de sombras como lo es la corrupción, la impunidad, la carencia de un sistema educativo y de salud de calidad. Y por supuesto, la ausencia de un reconocimiento cultural, tomando en cuenta que: “Solamente un pueblo culto puede ser verdaderamente libre” – José Martí.

El autor es publicista

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