Cristhian Jiménez

Santo Domingo. El gobierno incurría en la violación de su propio Plan Nacional de Vacunación si excluyera personas por su condición migratoria.

Y es que el virus Covid-10 no se percata de la condición legal de un individuo para alojarse en sus pulmones y otros órganos con intención letal.

Los principios y objetivos de “Vacúnate RD” son claros con relación al “respeto igualitario” y la reducción de “riesgo de contagio de la población en general”. Y los criterios de priorización solo basados en riegos de contagio, comorbilidades y edades.

Los fundamentos del programa se diseñaron conforme a la Constitución, que en su artículo 61 establece que “el Estado debe velar por la protección de la salud de todas las personas…”, sin sujetarlo a la aplicación de ley alguna.

Los prejuicios y las poses no tienen cabida cuando se trata de combatir una pandemia y se trabaja sobre territorios.

El Respeto Igualitario encabeza los principios del plan y establece “reconocer que todos los seres humanos gozan de la misma condición moral y tratarlos de acuerdo con este reconocimiento”.

Además, lograr legitimidad mediante procesos transparentes, asegurar la “equidad nacional” y “proteger y promover el bienestar humano, en especial la salud, la seguridad social y económica, los derechos humanos, las libertades civiles y el desarrollo infantil”.

En los 4 objetivos no hay resquicio para la discriminación, ya que consigna “proteger la integridad del sistema de salud” y reducir “la mortalidad asociada a Covid-19”, “la morbilidad severa y el contagio de Covid-19” y los “riesgos de contagio de la población general”.

El presidente Luis Abinader ha reiterado que “el compromiso del país es vacunar dominicanos” y que se solicitará ayuda a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los extranjeros indocumentados.

“Vamos a ir vacunando a los dominicanos y dominicanas y veremos esa falta de solidaridad que yo he dicho que ha habido en muchos países ricos; vamos a ver cómo ellos contribuyen, porque nosotros si no tenemos mucha posibilidad de ser solidarios, ni de contribuir”, precisó.

El gobierno contrató en octubre diez millones de dosis de vacuna a la empresa británica AstraZeneca con una inversión de 40 millones de dólares, de los cuales se adelantaron 8 millones de dólares provenientes de aportes del sector privado. Se han pactado compras con las norteamericanas Pfizer y Moderna, la china Sinovac, la india Covishield y desplegado gestiones para obtener vacunas de Rusia y Turquía.

Solo han llegado al país 50 mil vacunas Covishield, 30 mil de estas donadas, y que permitieron iniciar el plan de vacunación el martes último, con la primera entrega de 20 mil, la víspera.

El programa Covax, dirigido por la OMS, CEPI y GAVI, concebido para garantizar que los países más no quedaran fuera de la carrera por la adquisición de vacunas, se retrasó y los ricos comenzaron procurar abastecimientos y a competir por las mismas dosis. Trump no ayudó y el plan se tambaleó. Hace unos días la administración Biden ofreció 4 mil millones de dólares.

El comercio internacional (“capitalismo salvaje”) ha taladrado la solidaridad y hemos visto pocos gestos como la donación de la lejana India a República Dominicana.

Es cierto que el país carece de recursos económicos para practicar la solidaridad en la actualidad, pero en el caso de extranjeros indocumentados residentes aquí, no se trata de ese supremo gesto humano, sino de procurar la inmunización de los que habitamos del lado este de la isla.

Quiero pensar que el presidente Abinader solo trata de evitar el llamado “turismo de vacunas” o presiones migratorias fronterizas.

 

 

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