Por Cristhian Jiménez

Estamos en tran­sición, pero ca­si todos lo olvi­dan.

El presidente Danilo Medina y sus funcio­narios actúan como si estu­viesen a mitad de gestión y gran parte de la oposición vomita denuncias olvidan­do que podría ser víctima de éstas de asumir el gobierno el agosto próximo.

Medina, autosuficiente, confiado en que podría sa­car mayor partida a su cau­sa electoral, rehusó convo­car al liderazgo político para enfrentar la crisis sanitaria, que impacta terriblemen­te en lo social, económico y político.

El político, con experien­cia como jefe de estrategia de su partido en procesos pasados, optó por el cliente­lismo, potenciado a planos abusivos y hasta ridículos, como fórmula salvadora an­te la reciente debacle mu­nicipal y las falencias del candidato presidencial del Partido de la Liberación Do­minicano.

El gobierno promete ayu­da para todos los sectores productivos, pero intrin­cados procesos dificultan los accesos para medianos y pequeños comerciantes y en lo social la voz institu­cional amaga y el candida­to da.

Las autoridades anuncian medidas económicas y defi­nen estructuras financieras y fiscales de largo alcance que generan compromisos futuros, menospreciando la opinión de quienes pudie­ran asumir la administra­ción pública en semanas, lo que enrarecería el ambiente nacional ante un cambio de color en las elecciones del 5 de julio.

El manejo sanitario y sus anejas restricciones se ajus­tan a las necesidades de promoción del candidato de Medina y aviones van y vienen con atletas, médicos, boxeadores y predicadoras, y por otro lado, con ayudas en insumos y equipos de protección, mientras el go­bierno se quejaba de las li­mitaciones y dificultades en el mercado internacional para poder atender deman­das internas, incluyendo el reclamo de más pruebas PCR, tema aún no resuelto.

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El pan y salami en fundi­tas con la cara de Gonzalo repartidos, preferiblemen­te en las horas del toque de queda y con el suministro de gas propano en camio­nes dispensadores con las imágenes del candidato se hicieron trizas todos los lla­mados al distanciamiento personal, además de violen­tar normas de manejo del peligroso combustible.

La oposición política, be­neficiada con la división del PLD y su caída en las municipales y el desmo­ronamiento de su aliado principal, el PRD, debe ser inteligente y muy cuidado­sa en este espinoso tránsito.

En ocasiones, los oposi­tores usan un lenguaje apo­calíptico y un todo o nada, del que se sabe perdedor en cualquier escenario, con lapsus sobre sus propios nú­meros electorales y los que le atribuyen no vinculados. Quizás, por ese trauma de 16 años de quejas y denun­cias no correspondidas.

Cierto que el PLD ha ac­tuado de forma aplastante en el poder y que la oposi­ción no se puede fiar, pero las circunstancias actuales son diferentes a procesos pasados y los que aspiran a la poltrona presidencial de­ben ser facilitadores y cola­boradores y aliados críticos del árbitro. No es posible el “acoso y derribo” frente a la Junta Central Electoral, sin importar las razones que existan para recelar. No es darle un cheque en blanco, sino actuar con racionali­dad política.

En cuanto a la actitud fren­te a la respuesta oficial a la pandemia, la oposición ,claro que tiene que cuestionar y en­frentar la manipulación elec­toral de la crisis sanitarias y reclamar el manejo transpa­rente de los fondos, pero el apoyo o rechazo a medidas gubernamentales debe ha­cerse en función del beneficio que recibirían los ciudadanos y tomando en cuenta que en agosto podría tocarle la res­ponsabilidad de enfrentar una desafiante y compleja situa­ción de indefinida duración.

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Estamos en transición y todos actores políticos de­ben tenerlo presente a la hora de hablar y de usar los fondos públicos.

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