Río de Janeiro.- Los habitantes de la ciudad brasileña de Río de Janeiro comenzaron a recluirse en casa este martes luego de que multitudes ignoraran la petición de las autoridades de evitar aglomeraciones para frenar la expansión del coronavirus y acudieran en masa a las playas por tres días seguidos.

La ciudad más emblemática de Brasil registró este martes una presencia mucho menor de bañistas en sus icónicas playas, como Copacabana e Ipanema, en parte por el tiempo nublado y la amenaza de lluvia y en parte por la insistencia de las autoridades de que cariocas y turistas eviten aglomeraciones en las arenas.

Río de Janeiro está desde el lunes en estado de emergencia con todos los eventos públicos cancelados, aulas en escuelas y universidades suspendidas, restaurantes y bares con servicio restringido y sus principales atracciones turísticas cerradas.

Pero las medidas de emergencia para evitar aglomeraciones quedaron en duda ante el gentío que se volcó a las playas sábado, domingo y lunes, en parte para aprovechar los días soleados y calientes, y en parte por la suspensión de las clases en las escuelas y las licencias concedidas para que parte de los trabajadores permanezca en casa.

El alcalde de Río de Janeiro, el pastor evangélico Marcello Crivela, anunció hoy en una rueda de prensa que ordenó que los miembros de la Guardia Municipal acudan a las playas para convencer a los bañistas a que eviten aglomeraciones.

La víspera los miembros del Cuerpo de Bomberos recorrieron las avenidas costaneras en vehículos equipados con altavoces por los que transmitieron mensajes pidiendo a los bañistas volver a sus casas.

“Por la seguridad de sus familiares, amigos y vecinos vuelva a su casa. Es un momento de concienciación. Ustedes siempre contaron con el Cuerpo de Bomberos y ahora nosotros queremos contar con ustedes”, decía el mensaje leído repetidamente.

Por el contrario, la gran mayoría de las atracciones turísticas cerró sus puertas, como Efe pudo constatar en un recorrido por el cerro del Pao de Azúcar, el Museo del Mañana, el Acuario y la Rueda de Chicago, pero el Parque Nacional de Tijuca, en donde la estatua del Cristo Redentor corona el cerro del Corcovado, mantuvo su funcionamiento.

El operador del tren que transporta los turistas hasta el Cristo del Corcovado alegó que por tratarse de una concesión del Gobierno federal tiene que esperar hasta que el Ministerio de Medio Ambiente ordene la suspensión de actividades.

Pero el propio ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, en un mensaje que publicó en Twitter hacia el medio día, anunció que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ordenó la suspensión de las visitas a todos los parques nacionales de Brasil, incluyendo el Corcovado y el parque de las Cataratas del Iguazú, por lo que se espera el cierre al final de la tarde.

Las medidas restrictivas se reflejaron en el tránsito de vehículos este martes en Río de Janeiro, bastante inferior en comparación con el de otros días hábiles.

Según el Centro de Operaciones de la alcaldía, hacia las 9.00 hora local (12.00 GMT), en pleno horario de pico, Río registraba 7 kilómetros de embotellamientos en toda la ciudad, frente a los 61 kilómetros de tránsito lento, en promedio, medido a la misma hora del martes de la semana pasada.

La alcaldía agregó que la demanda de pasajeros por autobuses se redujo en un 30 % el lunes y en un 50 % el martes.

Pero a la fuerte reducción del flujo de vehículos y a las medidas que limitan la flota pública y obligan a conductores de autobuses a transitar con la mitad de su capacidad -prohíbe llevar pasajeros a pié- aún era posible ver en la mañana autobuses con sobrecupo.

De acuerdo con los últimos boletines, Brasil, que este martes registró la primera muerte por coronavirus, ha confirmado 301 casos de la enfermedad, de los cuales 31 en Río de Janeiro.

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