Por Claudio Antonio Caamaño Vélez.

Santo Domingo. El 16 de febrero de 1973, a las 5:47pm, aún resonando el eco de los disparos entre las montañas, cayó en el suelo mojado y frio de la Cordillera Central el cuerpo fulminado del dominicano más transcendente del siglo XX, Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Según la versión oficial de las Fuerzas Armadas, su deceso se produjo en medio de un combate con tropas del Ejército… Era lógico que en ese entonces se diera esa versión.  Lo que resulta indignante es que esa siga siendo todavía la versión oficial de las Fuerzas Armadas, y que el crimen de guerra que significa haber asesinado a Francisco Alberto Caamaño Deñó después de tenerlo por más de 6 horas prisionero, aún hoy, 40 años después, siga totalmente impune; Francisco Alberto Caamaño Deñó merece que las circunstancias en las que fue asesinado sean esclarecidas y que sus asesinos materiales e intelectuales sean conocidos y condenados  como tales.

Los restos del presidente Caamaño tienen una importancia que va mucho más allá del mero simbolismo, pues son el punto de partida para cualquier proceso que tienda a esclarecer las circunstancias de la muerte de nuestro líder.

En efecto, esos restos constituyen el corpus delicti de este crimen de lesa humanidad, de la  misma forma que son la prueba del ensañamiento con que fue tratado el cadáver de un héroe nacional, cuyo cuerpo sin vida fue sometido a un proceso degradante e inhumano, sin precedentes en República Dominicana.

Quienes niegan la autenticidad de esos restos, se presentan como potenciales enemigos de la memoria historia del pueblo dominicano, y verdaderos cómplices de sus asesinos. Hay que ver el interés oculto que tienen los que elevan esas posturas, que, de hecho, no cuentan con el más mínimo respaldo probatorio.

La Ley No. 04-13, que dispone el traslado de los restos del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó al Panteón de la Patria, eleva a nivel de Ley la autenticidad de dichos restos. Los que aún sostengan esa postura anti patriótica, serían a todas luces enemigos de Francisco Alberto Caamaño Deñó y de nuestro pueblo.

 

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