Madrid,- Las personas sin techo de Madrid, que no solo son las que viven en la calle sino también las que se alojan en chabolas, afrontan este año un invierno mucho más crudo e incierto debido a las inclemencias atmosféricas y los efectos socioeconómicos de la pandemia de covid-19.

Hay un repunte de desahucios de viviendas y el índice de ocupación de la red de acogida pública y privada de la ciudad supera ya el 90 % de su capacidad.

Los centros habilitados para la campaña del frío por el Ayuntamiento de Madrid, la más potente de toda España, se han mantenido abiertos por primera vez durante todo el año (en lugar de cerrar el 31 de marzo y reabrir el 25 de noviembre) y se han reforzado los recursos este año y en 2021.

Pese a los esfuerzos del sector público y privado, la Federación de Entidades y Centros para la Integración y Ayuda a Marginados (Faciam), que atendió en 2019 a casi 4.000 personas y en 2020 ha registrado un aumento de la demanda, advierte que empieza el frío con casi todas las plazas ocupadas.

En abril de 2019, el Ayuntamiento de Madrid contabilizó 2.772 personas sin hogar, de las que 650 dormían habitualmente en las calles de la capital de España, unos números que deben de haber aumentado este año a causa de las consecuencias sociales de la pandemia.

MUCHA INCERTIDUMBRE Y UN INVIERNO MÁS CRUDO

“¿Qué va a pasar si hay más personas sin hogar, más desempleo, más desahucios por impago de alquiler o hipotecas ? “Hay mucha incertidumbre ante esta realidad”, constata en declaraciones a EFE Susana Hernández, directora de Faciam, integrada por diez entidades de la Iglesia católica, que trabajan desde hace 40 años en este ámbito.

Subraya que los sintecho no son solo quienes viven en la calle, sino también aquellos que se alojan en chabolas, en un asentamiento ilegal, en viviendas precarias. “Hay muchos niveles de sinhogarismo”.

Ahora mismo, añade, se está dando un “rebrote” de casos por desahucios de alquiler e incluso familias enteras han llegado a las puertas de Faciam.

“La política de vivienda en España favorece el sinhogarismo: el precio de la vivienda, el escaso parque de vivienda pública, el entender la vivienda más como un bien de inversión que como un bien social…”, repasa.

FACTORES PERSONALES Y ESTRUCTURALES

Advierte Susana Hernández que hay que desterrar del imaginario social la idea de que un sintecho está en la calle porque quiere -“vago, alcohólico, con una enfermedad mental-” porque siempre es una realidad complicada y compleja.

Detrás de estas situaciones hay factores no solo personales, que también pueden existir (como un divorcio o la muerte de un hijo), sino elementos estructurales o de contexto como fue la crisis económica que comenzó en 2008 en España, con más de tres millones de puestos de trabajo perdidos, y ahora la de la pandemia, que también ha perjudicado gravemente al empleo por las fuertes restricciones comerciales y económicas.

España registra 1,7 millones de contagiados de coronavirus y 46.646 fallecidos hasta el momento, con la región de Madrid en cabeza en ambos casos: 356.659 infectados y 11.445 muertos.

¿Y el frío mata? En 2019, una persona murió en Madrid, según el servicio de asistencia social urgente de Madrid, recuerda Hernández.

Sin embargo, “más que el frío, vivir en la calle mata: la esperanza de vida de un sintecho es unos 15 años menor. Vivir en la calle destroza tu salud física y psicológica y la posibilidad de tener esperanza en un futuro, llega el momento en que dejas de soñar”, concluye.

Marina Segura Ramos

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