Sao Paulo,.- Sao Paulo, epicentro de la pandemia del coronavirus en Brasil, cumple este viernes un mes desde el inicio de la cuarentena y ya ha comenzado a planificar la reapertura “gradual” de su economía a partir del 11 de mayo, pese a que el país todavía no ha alcanzado el pico de la enfermedad.

A quince días para el comienzo de la reapertura de la economía, anunciada por el gobernador Joao Doria, los ciudadanos ya han relajado la cuarentena en diversas partes del estado, uno de los más golpeados por el coronavirus, con 1.345 muertes del total de 3.313 y 16.740 casos de los casi 50.000 registrado en el país.

Sao Paulo, la región más populosa de Brasil con 46 millones de personas, pretende seguir los pasos de otros estados del país y flexibilizar las medidas de distanciamiento social a partir del 11 de mayo, para cuando las autoridades sanitarias esperan una subida exponencial de la curva de contagios.

No obstante, el gobernador paulista advirtió este viernes que el estado está en alerta “amarilla” debido a la baja adhesión de la población a la cuarentena, por lo que podrá repensar la reapertura si no se alcanza una tasa mínima de aislamiento del 50 %, pese a que el ideal es del 70 %.

“No será posible realizar la flexibilización en las localidades donde las personas no obedezcan un mínimo de 50 % de distanciamiento”, reforzó en una rueda de prensa Doria, y agregó que tan solo 20 de los 645 municipios del estado han alcanzado la meta.

En la capital Sao Paulo, la mayor ciudad de Sudamérica con unos 12 millones de habitantes y la más golpeada por la COVID-19, al registrar casi 1.000 muertos y 11.225 casos confirmados, la normalidad va recuperando poco a poco su ritmo.

Pese al cierre de bares, centros comerciales y parques públicos, decenas de personas realizaban compras en comercios menores, como tiendas de gafas y papelerías, paseaban sus niños o se ejercitaban en las aceras de la icónica Avenida Paulista, muchos sin el uso de mascarillas u otros equipos de protección.

Asimismo, en una céntrica plaza de la ciudad, algunos ancianos participaban en una sesión de yoga al aire libre, mientras un grupo de amigos charlaban animados al ritmo de las canciones que tocaban en el amplificador de sonido.

El agente inmobiliario Pedro Gomes da Silva, de 21 años, admitió en declaraciones a Efe que suele “romper a menudo la cuarentena”, pese al hecho de que su padre, un enfermero de 53 años, haya contraído el coronavirus recientemente y apenas se haya recuperado.

Amparado por el discurso del presidente brasileño Jair Bolsonaro, quien ha tildado la COVID-19 de “gripecita”, Gomes restó importancia a la enfermedad por considerar que no pertenece a “ningún grupo de riesgo”.

Bolsonaro es uno de los gobernantes más escépticos sobre la gravedad del coronavirus y ha defendido el fin de las cuarentenas, lo que le llevó a un enfrentamiento directo con su anterior ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, quien fue destituido por el propio mandatario.

En plena pandemia, Bolsonaro contó este viernes con una nueva baja en su Gobierno, esta vez la del ministro de Justicia Sergio Moro, quien renunció a su cargo tras la destitución del director general de la Policía Federal.

ESTADOS EMPIEZAN A AFLOJAR LAS CUARENTENAS

Aunque la COVID-19 todavía no haya alcanzado su pico en Brasil, al menos ocho estados ya han relajado las medidas de aislamiento social adoptadas para frenar la propagación de la enfermedad.

En Santa Catarina, en el sur del país, centenas de personas se amontonaron a las puertas de un centro comercial esta semana en la ciudad de Blumenau para prestigiar su reapertura, después de que el gobernador del estado, Carlos Moisés, autorizara el funcionamiento de iglesias, comercios, galerías, restaurantes y gimnasios.

Ya en el Distrito Federal fueron liberadas las tiendas de gafas y electrodomésticos, mientras que en Sergipe, en el nordeste, la Gobernación permitió la reapertura de hoteles, moteles, restaurantes y bares.

No obstante, el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, decidió mantener la cuarentena y postergar la apertura gradual de la economía del estado, el segundo más castigado por el coronavirus, con 530 fallecidos y 6.172 casos confirmados hasta ahora.

Si bien un 76 % de los brasileños respaldan el aislamiento social impuesto por las autoridades regionales, según una encuesta del Instituto Datafolha, trabajadores y pequeños emprendedores manifiestan preocupación sobre su salud financiera en caso de que las medidas se extiendan por mucho tiempo.

“En las primeras semanas (de cuarentena), el movimiento era tan solo de un 10 % respecto al habitual, no pagaba ni siquiera la factura de luz”, contó a Efe William Lee, propietario de una papelería en Sao Paulo.

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