Quito,.- La música clásica se ha filtrado por lugares inusuales en Ecuador gracias al Festival «Música Ocupa», que ha llevado desde 2017 ese ritmo a mercados, cárceles, cementerios, plazas, parques y hospitales, entre otros, informó este sábado el director del evento, Simón Gangotena.

La III edición del Festival, que termina mañana, reunió a catorce músicos de España, Estados Unidos, Australia, Francia, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina, Brasil y Perú.

«Como músicos hemos sentido siempre que la música clásica ha pertenecido a una élite y ha llegado a muy pocas personas», comentó a Efe Gangotena, uno de los siete integrantes del colectivo «Inconcierto», organizador del Festival.

El evento -señaló- busca llevar la música clásica a nuevos espacios y nuevas personas y en ese sentido este año llegó incluso a la sala de terapia intensiva de uno de los hospitales más grandes de Quito.

El festival «trata de ocupar la ciudad con música», indicó al comentar que tiene dos modalidades para el evento, que incluye el tocar música espontáneamente en lugares públicos y presentar conciertos en sitios establecidos como fundaciones o centros comunitarios.

El festival, que nació en 2017, lleva música a lugares patrimoniales, a sitios cotidianos como mercados, plazas o estaciones de autobuses, así como a espacios de desarrollo comunitario con programaciones culturales establecidas.

Con miles de asistentes en las tres ediciones gratuitas desarrolladas hasta el momento, los organizadores han constatado que «más de la mitad de las audiencias oían música clásica por primera vez», reveló al señalar que la edición de este año comenzó el pasado 8 de junio y terminará mañana.

En ella han participado destacados músicos como el español David Ballesteros (violín), miembro de la Orquesta Sinfónica de Londres y quien ha sido profesor de la Jove Orquesta Nacional de Catalunya, de la Joven Orquesta Nacional de España y de la Guildhall School Of Music de Londres, entre otras.

Además, Eric Gratz, que es el primer violón de la Orquesta Sinfónica de San Antonio-Texas, y Camila Barrientos, clarinetista principal del Theatro Municipal de Sao Paulo.

Con un promedio de 300 personas por concierto en las seis presentaciones de este año, los organizadores no tienen claro a cuánta gente en verdad han llegado pues también interpretan su música en sitios concurridos a los que llegan sin previo aviso.

Cargado de anécdotas sobre la receptividad a la iniciativa, Gangotena recuerda con claridad cuando el año pasado tocaron en la cárcel de máxima seguridad de la ciudad andina de Latacunga (centro).

Allí «una de las personas privadas de libertad nos dijo que había sentido que estaba libre mientras nosotros tocábamos», rememoró Gangotena, que cuenta con una licenciatura en música en Estados Unidos y con un máster en Interpretación musical en Australia. EFE

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