Madrid, (EFE).- Este lunes se cumplen diez años de la muerte en extrañas circunstancias de David Carradine, el mítico protagonista de la serie «Kung Fu» en la década de 1970, un actor que dejó un prolífico legado artístico y que había sido recuperado para el cine por Quentin Tarantino con un papel inolvidable en «Kill Bill: Vol. 2».

Carradine, de 72 años, falleció el 3 de junio de 2009 aunque su cuerpo fue hallado un día después, desnudo y ahorcado con una soga en el armario de su suite en el hotel Swissotel Nai Lert Park de Bangkok (Tailandia), donde se encontraba rodando el film «Stretch».

Al principio se especuló con un posible suicidio, pero una autopsia privada solicitada por la familia del actor y realizada en Los Ángeles (EEUU) reveló que el artista falleció a causa de una asfixia accidental mientras llevaba a cabo prácticas sexuales.

Un año después, su cuarta esposa, Marina Anderson, con la que estuvo casado entre 1998 y 2001, publicó un libro en el que confirmaba que Carradine disfrutaba con el fetichismo y la práctica sexual del «bondage», aunque, según su testimonio, nunca realizaba esos actos en solitario.

«Creo que fue asesinado», dijo al portal de noticias de ABC News. «Creo que fue el objetivo de alguien. Alguien que entró en la habitación sin permiso. O puede que se aburriera, fuera al pueblo y trajera a alguien a la habitación. No creo que estuviera solo», indicó.

Sin embargo, las autoridades nunca encontraron indicios de que hubiera más personas en la suite en el momento de la muerte del actor.

Así fue el triste adiós de Carradine, un artista de aura mística nacido en el seno de una familia de actores y con una dura infancia que le llevó incluso a pensar en el suicidio cuando tenía apenas 5 años, tal y como dejó escrito en su autobiografía «Endless Highway» (1995). Aquellos problemas le llevaron a una juventud «hippie» marcada por el uso desmedido de las drogas.

Tras unos inicios en Broadway, el intérprete se hizo hueco en westerns televisivos como «Wagon Train», «The Virginian» o «Shane», unos trabajos que le llevaron al gran papel de su vida, el de «Kung Fu», donde encarnó al «pequeño saltamontes», ese monje errante de ascendencia chino-americana que crece en el templo Shaolín de China y se convierte en un budista experto en el arte del kung-fu.

Aquel personaje, convertido en icono mundial, le deparó una nominación al Emmy y al Globo de Oro, pero sobre todo lanzó una meteórica carrera con más de 200 papeles entre cine y televisión, donde destacan títulos como las películas «Boxcar Bertha» (1972), de Martin Scorsese; «Death Race 2000» (1975); «Bound for Glory» (1976); «Cannonball» (1976); «The Serpent’s Egg» (1977), de Ingmar Bergman, o «The Long Riders» (1980), de Walter Hill.

Sin embargo,en la cima de su carrera no fue capaz de alejarse de sus malos hábitos con el alcohol y en Hollywood perdieron la cuenta de las veces en que fue arrestado por conducir en estado de embriaguez.

Los grandes estudios lo condenaron y se vio forzado a buscar trabajo en multitud de producciones de serie B, hasta que «Kung Fu» le brindó una nueva oportunidad para encarnar al monje Caine con la serie «Kung Fu: The Legend Continues».

El actor, sobrio desde 1996, aceptó años después el reto de Tarantino de regresar a Hollywood y dejó para la eternidad una de sus mejores creaciones, la del líder -experto en artes marciales- de un grupo de asesinos que trataron de acabar con la vida de La Novia, el célebre personaje interpretado por Uma Thurman.

«Quentin no me contrató porque soy un artista de las artes marciales», dijo Carradine en una entrevista. «Me contrató porque soy actor. Supuso un espaldarazo para mí, porque no hay apenas ecos de Caine en este papel», añadió el artista. EFE

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