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domingo, julio 21, 2024
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Al presidente Luis Abinader

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 Por JUAN T H 

Querido amigo. Recuerdo haberte preguntado, tras tu elección como presidente de la República, como debería llamarte respetando los vericuetos del poder: “Luis, como siempre, cuando estemos en un ambiente no oficial. 

Me permito “tutearte” en esta conversación tan personal sobre temas nacionales que me preocupan grandemente. Han pasado cuatro años -cómo vuela el tiempo-desde que asumiste las riendas del país en medio de una crisis sanitaria que afectaba a todos los países del mundo; luego la crisis económica, la inflación, la guerra, etc. Había que tener coraje, determinación y una voluntad de hierro para no sucumbir, para salir adelante. ¡Y lo lograste! 

La República Dominicana fue de los primeros países del mundo en vacunar a su población, recuperar el turismo, el empleo, la inversión extranjera, la zonas francas, la estabilidad cambiaria, la seguridad alimentaria, etc. Te convertiste, querido amigo, en un estadista a la fuerza, empujado por las circunstancias, trabajando todos los días 16 y 18 horas, poniendo en riesgo tu propia salud, y quitándole tiempo a tu familia. Fueron cuatro años de mucho sacrificio, de mucha entrega, de mucho amor hacia los demás. El pueblo dominicano te premió por todo cuanto le diste al país en esos cuatro años. y es de eso de lo que deseo hablarte, casi en secreto. 

Este segundo mandato tuyo me temo que será más difícil y complicado que el anterior, aunque no haya pandemia, aunque la inflación esté controlada, aunque la guerra no tenga los mismos efectos en la economía, aunque los precios de los combustibles ni de los commodities, con los fletes, no se disparen como en el pasado reciente.  

Este es un país igual que cualquier otro país, pero distinto, en materia cultural, por su propia idiosincrasia, conservador y tolerante, donde los valores fundamentales de la dominicanidad se han ido perdiendo con el paso del tiempo, por eso el irrespeto por las normas, por las leyes. Aquí nadie respeta nada. Aquí todo lo prohibido está permitido. Aquí no hay autoridad en el tránsito, en las escuelas, en las universidades, en los hogares, donde la mayoría de las familias son disfuncionales. En los medios de comunicación no hay controles, en las redes sociales, menos. Un grupo de analfabetos, sin formación ni cultura, actúan “como Chivos sin ley”. Las reformas estructurales del Estado van en todas las direcciones. El “gatopardismo” (cambiar para que todo siga igual) no cabe en estos momentos, repito. 

Cambiar esa realidad, mi querido presidente, es más difícil de lo que suponemos, porque requiere de un cambio de paradigma, de otra cultura, de otra mentalidad, desde arriba hacia abajo. Esta sociedad -presidente- está enferma de cáncer desde hace muchos años. ha hecho metástasis en todo el tejido social. Cambiar “para que todo siga igual”, ya no es posible. 

Usted, presidente, tiene un compromiso histórico con el pueblo que ha confiado en usted para que contribuya a pagar la enorme deuda social acumulada durante más de dos siglos. 

El pueblo, presidente, ha puesto una “mandarria” en sus manos para que golpee con fuerza a los sectores que se oponen desde ya a los cambios y las transformaciones que usted pretende producir en los próximos meses. 

Tenemos un sistema presidencialista, donde el “presidente es, al mismo tiempo, el jefe del Estado, y el jefe del gobierno y reúne, por tanto, los poderes representativos inherentes a su primera calidad con los poderes políticos y administrativos de la segunda”, según explica Rodrigo Borda en su Enciclopedia de la Política. 

Ese sistema presidencialista existe en gran parte de América Latina y de Europa. En nuestro país un presidente es un dios, alguien que acumula demasiado poder, sobre todo, como en el caso actual, cuando el presidente ha sido favorecido por el voto popular en unas elecciones libérrimas, que lo legitima. En el caso dominicano, el presidente es comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, jefe de la administración pública. El nombramiento del gabinete y de otros funcionarios importantes no tienen que ser ratificados por el Congreso, como en otros países.  

En estos momentos, tiene usted, presidente, el control, no sólo del Ejecutivo, sino del Congreso, lo que le permite hacer aprobar todos los proyectos que presente sin mayores dificultades. No necesita consenso, aunque lo procure. No requiere de mayoría congresual, porque ya la tiene. En el sistema judicial controla el Consejo Nacional de la Magistratura que designa los jueces. En fin, amigo presidente, tiene usted el poder para producir los cambios estructurales necesarios, más importantes y trascendentes que una simple reforma fiscal coyuntural. 

Creo, presidente amigo, que la República Dominicana se encuentra en un momento estelar de su historia, que está en sus manos hacer lo que hay que hacer, valga la redundancia. ¡Es ahora o nunca! Es natural que surjan voces con argumentos en contra de los cambios. Es natural. Nada de extraño en ello. Pero las voces agoreras, de pájaros de mal agüero, a las que no se le puede prestar mucha atención. 

En mi artículo anterior, presidente, dije que su partido, el Revolucionario Moderno, al igual que usted, no tienen excusas para no “refundar “este país.  ¡No la tienen!  

Luis, querido amigo, no desperdicies esta oportunidad que te da la vida y la política para hacer lo que nadie había hecho por tu pueblo. ¡Cásate con la gloria! Devuélvales la dignidad y el orgullo a los dominicanos, que los valores del éxito sean el trabajo, los estudios y la moral, no el robo, no la corrupción, no el tráfico y consumo de drogas narcóticas, no el crimen organizado, ni el juego de azar.  

Se que es mucho pedir, amigo presidente, pero, el que tenga miedo, presidente, que se compre, no uno, sino dos perros prietos y se tranque en su casa. ¡Y avancemos! 

 

 

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