Cristhian Jiménez
El presidente Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) deben centrarse en eficaces soluciones económicas ante el agravamiento de la crisis mundial por efecto de la guerra europea, viabilizar un proceso convencional que solidifique la unidad partidaria y desoir los llamados a “imponer su mayoría” para una reforma constitucional.
El panorama global es complejo y las medidas anunciadas el 27 de febrero último durante el discurso presidencial insuficientes, como para sumirnos en una confrontación política nacional y que se agudice la guerrita interna que tensa al PRM por la disputa de la presidencia partidaria.
Los impactos negativos de la ocupación militar rusa de territorios ucranianos son difíciles de precisar y obliga a reestructurar las prioridades nacionales y modificar los diseños políticos.
El gobierno precisa más recursos para ampliar los planes sociales y compensar a sectores de clase media, pero la aplazada reforma fiscal ha sido rechazada e igual ha ocurrido con intentos de medidas puntuales recaudatorias.
Aumentan las demandas compensatorias por efectos de los daños de la inflación y las distorsiones que genera la guerra y crece el rechazo a posibles medidas punitivas, que urgen al gobierno en la actual coyuntura.
Al precipitarse la campaña electoral la oposición no le concede una pulgada al oficialismo en ningún terreno.
Los principales partidos opositores no solo abandonaron la mesa de diálogo en el Consejo Económico y Social, sino que han levantado el tono crítico frente a la administración Abinader y elementos otrora irreconciliables lucen cercanos y en combate común frente al oficialismo.
Este contexto dificulta aprobaciones congresuales de iniciativas gubernamentales y sobre todo parece que tritura la posibilidad de una reforma constitucional, que el presidente jura solo busca la independencia del ministerio público, pero que los opositores sospechan dirigida a eliminar el obligatorio límite mínimo del 50 por ciento más uno, para el triunfo electoral en primera vuelta, entre otras suspicacias.
El presidente Abinader dijo estar dispuesto a dialogar, pero el alto ruido entre oficialistas y opositores generó contra respuestas que agregaron más elementos críticos a la intención presidencial.
El gobierno ha desplegado una amplia campaña en favor de la reforma constitucional, con el refuerzo de amplificadores de alto volumen, pero de dudosa calidad.
El expresidente Hipólito Mejía entró al cuadrilátero a dar una mano, pero parece agravar la situación al sugerir que el partido oficial imponga su mayoría congresual, que no llega a los dos tercios imprescindible en una reforma constitucional. Favoreció acudir a “la mandarria”.
La hipolitada trajo a la discusión momentos de imposiciones con chantajes y dinero para reformas de la Carta Magna, como denunciaron peledeistas 2015.
El expresidente Leonel Fernández, quien auspició una reforma constitucional en 2010, es el más acérrimo enemigo de cambios sustantivos y su tono contestatario es más duro cada día. Para el partido Fuerza del Pueblo que lidera Fernández la “defensa de la Constitución es una cuestión de vida o muerte”, según el senador Bautista Rojas Gómez.
En medido de este tiroteo externo, el PRM mantiene una lucha interna por la elección de autoridades en junio próximo, luego de superar parcialmente disgustos de dirigentes y militantes por la obtención de cargos públicos.
José Ignacio Paliza quiere continuar en la presidencia del PRM, y hasta se le ve en actividades públicas en repartos de “donativos” para “proyectos educativos y culturales”, mientras Guido Gómez recorre el país en la promoción de sus aspiraciones y continúa sus denuncias del alegado abandono de las bases partidarias.
Eddy Olivares recibe apoyo de 35 diputados, un día después de Hipólito visitar el Palacio Nacional y pronunciarse en favor de la reforma constitucional.
Comienza la segunda del noveno…

 

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