Inicio Cine La Improvisación del argentino Solnicki llega con su quinto largo a Berlinale

La Improvisación del argentino Solnicki llega con su quinto largo a Berlinale

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Berlín, – La improvisación del argentino Gastón Solnicki llega por primera vez a la Berlinale con su quinto largometraje, “A Little Love Package”, ambientado en Viena en el fin de una era, y rodado durante la pandemia, quizás el comienzo de otra, con dos mujeres con caracteres muy distintos como protagonistas.

Es una película hecha sin guion, “realmente improvisada y espontánea”, tanto en los diálogos, como en la forma, la estructura narrativa y la producción, explica Solnicki en entrevista con Efe.

El realizador, que considera sus anteriores filmes más documentales, lleva tiempo en una transición “que tiene que ver con lo ficcional, pero no en un sentido muy tradicional”, señala.

“A Little Love Package”, narrada por el escritor mexicano Mario Bellatin, traslada al espectador a la capital austriaca y al año 2019, el fin de una era: con la prohibición de fumar en espacios públicos, también desaparece una parte de la cultura de las cafeterías vienesas.

La griega Angeliki busca un apartamento en Viena con la ayuda de su amiga interiorista Carmen, pero siempre tiene algo que objetar.

Carmen tiene la sensación de estar hablando con una pared y no entiende por qué a Angeliki le cuesta tanto desprenderse de su dinero.

El cineasta cuenta que en noviembre de 2020 tuvo la posibilidad de viajar con un grupo de amigos a Viena, en un contexto “bastante oscuro” por la pandemia del coronavirus.

Desde el comienzo de las cuarentenas, Solnicki estaba muy interesado, por su forma de producir, en salir a filmar la ciudad vacía, algo que en condiciones normales es prácticamente imposible.

Con todos los problemas logísticos que trae aparejado su sistema de producción, dice, “no había donde enchufar las baterías o tomar algo calentito, porque estaba todo cerrado”.

Pero en este contexto también encontraron estructuras y personas que se abrieron “de una manera inusual”, señala.

Es una película que no habría sido posible “sin la gran pausa que significó este detenimiento del mundo” debido a la pandemia, afirma.

Al no filmar con un guion “la ilustración de ideas previamente articuladas”, lo que le interesa a Solnicki cuando filma “tiene que ver con ciertas epifanías cinematográficas que justamente se corresponden con materiales narrativos que están afuera del tiempo y que se mantienen vivos fuera del tiempo”, explica.

Y si bien cree que la crisis que vio el mundo “es muy singular y marca en muchos aspectos una nueva era, o el final de una era, o quién sabe qué”, lo específico de la pandemia y las mascarillas y “una serie de miedos y circunstancias” están “muy localizados en el presente” y eso no le interesaba, dice.

“Por eso en mi película no hay barbijos y no se habla de la pandemia”, aunque al mismo tiempo “es un archivo de eso” porque documenta esa “atmósfera de horror” y esa ciudad vacía, que no lo está porque sí, recuerda.

De Angeliki (Angeliki Papoulia) y Carmen (Carmen Chaplin) Solnicki explica que son “dos amigas y dos grandes actrices” con las que a priori tenía ganas de filmar, “pero no había razones para saber de antemano si iban a funcionar juntas y qué peso o importancia iba a tener cada una en la película”.

Son “dos caracteres muy distintos” y sí que en algún momento se detuvo a pensar qué pasaría si no funcionaban juntas, pero “de a poco se comenzó a armar algo muy lindo”.

“Pero la verdad es que eso es un poco mi dilema diario cuando estoy filmando, porque de antemano no hay nada resuelto o garantizado”, explica.

La película “ofrece una serie de posibilidades, demandantes quizás, pero también generosas a su manera” y efectivamente “recae mucho en la subjetividad de cada espectador, su afinidad con distintos personajes o su rechazo”, agrega.

El cineasta explica que en general, tanto antes como a la hora de filmar y también al editar tiene “intuiciones” y se apoya y cree en ellas.

Considera que hay que afrontar riesgos, la única manera para él, asegura, de hacer películas.

“Entiendo que hay gente que puede reducir aparentemente esos riesgos predefiniendo un montón de cosas que yo no logro definir de antemano”, agrega.

Por eso Solnicki dice estar “muy contento” en la Berlinale, que es “una experiencia nueva”, y presentando su filme en la sección Encounters, creada en 2020 para dar un mayor espacio a las diversas formas narrativas y documentales en el programa oficial.

El cineasta siempre ha reclamado que los festivales adopten ellos mismos, en cierto modo, el estilo de las películas que exhiben.

“Muchas veces son películas audaces, arriesgadas, y los festivales, como toda institución, suelen organizarse de manera más conservadora”, afirma.

Elena Garuz

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