Milán (Italia),- La historia de La Scala de Milán está repleta de noches de gloria pero la de hoy será a buen seguro recordada, pues supuso el regreso de su «Prima», la apertura de la temporada lírica, suspendida por la pandemia el pasado año, con un cruel «Macbeth» que gustó a su exigente (y temido) público.

El teatro dedicó más de diez minutos de aplausos a sus cantantes, empezando por la soprano Anna Netrebko, en el papel de la sibilina Lady Macbeth, así como al protagonista, el barítono Luca Salsi, o el tenor peruano, Iván Ayón Rivas, como Malcolm.

Solo se escucharon algunos leves abucheos en los palcos superiores, el «Loggione», donde tradicionalmente se sientan los seguidores más fervientes para seguir a pies juntillas los actos, exigiendo sencillamente la perfección.

Esta era una «serata» especial, pues volvía la «Prima», que el año pasado tuvo que ser suspendida y cambiada por un concierto sin público por primera vez desde que la II Guerra Mundial redujera a escombros esta histórica ópera.

Y la emoción del reencuentro podía percibirse en el ambiente de esta ópera y entre los asistentes, políticos, empresarios, banqueros o celebridades más o menos famosas que, como cada 7 de diciembre, día del patrón San Ambrosio, se dejan caer por la ópera para dejarse ver.

EL ABISMO DE LA AMBICIÓN

La obra elegida fue la primera incursión de Giuseppe Verdi en el imaginario de William Shakespeare, «Macbeth» (1847), dirigida por la batuta de Riccardo Chailly y con la potente escenografía de Davide Livermore, que abrió su cuarta temporada consecutiva.

Un melodrama en cuatro actos ambientado en la Escocia del siglo XI sobre el asesinato de un rey a manos de un señor, Macbeth, instigado por su ambición, oscuras profecías y su ambiciosa Lady.

Pero la lectura de esta pieza, que clausura una revisión de la trilogía de juventud verdiana tras «Juana de Arco» (1845) y «Atila» (1846), sugiere una advertencia moderna: el peligro siempre latente de tiranos y los hilos de poder que los mueven.

Por eso el clásico transcurrió en un mundo casi reconocible, con ciudades que recuerdan a Nueva York, quizá Londres o hasta Gotham City, que giran y se retuercen como una película de Christopher Nolan, y donde proliferan esos rascacielos imponentes en los que el poder anida, ignorando lo que ocurre en sus aceras.

Un mensaje potente, cargado de vídeos y efectos visuales, que resonó como un trueno en la platea de La Scala, donde esta noche se acomodaban las personas más importantes e influyentes del país.

UN TRIBUTO AL JEFE DE ESTADO

La noche en la ópera milanesa también tuvo el aire de un tributo de despedida, la que se le rindió al jefe del Estado, Sergio Mattarella, que si todo sigue el cauce normal acabará su mandato el próximo febrero después de siete años.

Un periodo en el que este venerable magistrado se ganó al país, sobre todo por su cercanía, carisma y templanza en los peores momentos de la pandemia y resolviendo crisis políticas imposibles.

El presidente se asomó al palco real, decorado con miles de rosas y orquídeas para la ocasión, junto a algunos ministros y a su hija, Laura Mattarella, que ha hecho de consorte, y recibió la admiración de los asistentes antes de entonar juntos el himno nacional.

UNA «PRIMA» DIFERENTE

La Scala ha logrado de este modo retomar una tradición, la de abrir su temporada lírica por San Ambrosio, que se remonta al 1951, pues hasta entonces se hacía el 26 de diciembre.

Pero aunque la música sonó de nuevo, la pandemia sigue en curso e impuso medidas necesarias, como la obligación de la mascarilla, la toma de temperatura, nada de cena de gala o la presentación de la versión «reforzada» del certificado sanitario, es decir, demostrar que se estaba vacunado o curado.

Pero esto no fue óbice para que se viviera una noche de cauta fiesta, con el desfile de rostros conocidos como el cantante Mika, Plácido Domingo, el bailarín Roberto Bolle, el diseñador Giorgio Armani o la senadora Liliana Segre, superviviente de Auschwitz.

LA SCALA MIRA AL FUTURO

Pero lejos de parapetarse en un reducto elitista, este templo de la lírica lleva ya un tiempo adaptándose a los nuevos tiempos y llevando la ópera a las casas.

La función pudo verse en directo por la televisión pública RAI, a buen seguro con éxito, porque la «Tosca» de 2019 atrapó a 2,6 millones de espectadores, y además «Macbeth» llegó a más de treinta cines italianos y a numerosas pantallas públicas en la ciudad, en las que los milaneses desafían al frío para disfrutar de la ópera.

El objetivo ahora es atraer a las nuevas generaciones y por eso La Scala ofreció este «Macbeth» el pasado sábado a los jóvenes menores de 30 años y, como novedad, lo llevó a las redes, estrenándose en esta ocasión en el sitio de moda: Tiktok.

Gonzalo Sánchez

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