Madrid,- Una huida, un grito de inconformismo y el exorcismo de una realidad incómoda, súbitamente transformada por un virus, que Cápsula ejecuta mediante «fuego y rayos eléctricos» de rock and roll de otro tiempo. Eso es «Phantasmaville», el recién publicado disco número 13 de este trío vascoargentino.

«Estas canciones son catárticas completamente. El disco invoca fuerzas y espíritus, como una especie de güija, pero benigna, del rock and roll, donde los fantasmas nos ayudan y nos dan fuerza para lo que sigue», señalan a Efe Martín Guevara (voz, guitarras) y Coni Duchess (voz, bajo), que conforman el grupo junto a Álvaro Olaetxea (batería).

Originarios de Argentina, donde el grupo se fundó en 1998 dentro de la escena «underground», el aplauso de la crítica por su último disco, «Bestiarium» (2019), les había llevado de gira por Asia cuando precisamente estalló la crisis mundial de covid-19 y todo su periplo, que también debía conducirles a EE.UU., se fue al traste.

«Nosotros vivimos en la carretera y nuestro movimiento de ideas y de sensaciones vienen del sonido del motor y de las imágenes que nos asaltan por la furgoneta. Con aquel parón nos sentíamos encerrados, mirando por la ventana una ciudad vacía y, a partir de eso, empezamos a componer las canciones», rememoran.

Aún en ese «ambiente oscuro», se zambulleron en una búsqueda del «fuego» tomando todos los elementos que les servía el encierro, como «el cambio de percepción del tiempo, porque los días se repetían y se dilataban las sensaciones».

«Eso nos creó una especie de confusión mental que aprovechamos para componer un disco que fuese con piezas desordenadas, pero que nos llevase a algo bello, con mucha electricidad, como una combinación de sueños, confinamiento y rock and roll», explican.

Esa confusión, añaden, les permitió «llevar el cerebro y el cuerpo a otro tiempo y rescatar elementos de otras épocas» para crear una realidad paralela, «entre caricaturas de la infancia, olas, océanos y planetas», para sonar como el Marte de David Bowie o a «surf rock» californiano, también con reminiscencias latinoamericanas.

«Cuando quisimos ubicar el disco geográficamente, hablábamos de un viaje de Patagonia por el Pacífico hacia el norte y utilizar solo el mapa celeste para ver por dónde marchar y narrar lo que allí observábamos», cuentan sobre el origen de temas como «All My Friends», «Behind The Trees» o «Ciudad Fantasma».

Como manda el rock and roll, tienen como propósito «molestar, la disconformidad y atacar al poder». «Había muchas dudas durante la cuarentena de la información que llegaba por las pantallas y esa bronca y frustración se canaliza a través de las canciones», justifican.

Después, en el reencuentro con el público como el que este jueves mantendrán en la sala El Sol de Madrid, «las cosas cambian y las canciones toman otra dimensión, la del baile y la energía».

Con lo aprendido en álbumes anteriores de gigantes («héroes», dicen ellos) como Tony Visconti o John Agnello, insisten como en sus más recientes entregas en la fórmula de «hazlo tú mismo», por lo que la producción, la grabación, la mezcla, la masterización y hasta el estudio (el que poseen en Bilbao) han corrido por su cuenta, «evitando el barroquismo y buscando la energía del directo».

Para mostrarlo, en su formato de trío visitarán en las próximas semanas ciudades como Valladolid (29 de octubre, Porta Caeli), Córdoba (30 de octubre, Ambigú Axerquía), Zaragoza (30 de octubre, centro comercial Delicias) o Barcelona (2 de diciembre, La Nau) y Valencia (3 de diciembre, 16 toneladas).

Javier Herrero.

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