Ginebra.- La Organización Mundial de la Salud (OMS) expuso hoy la calamitosa situación de la sanidad en el Líbano y Afganistán, dos países que enfrentan una crisis comparable en cuanto a acceso de la población a los servicios sanitarios básicos y pidió que otros países ayuden con financiación para evitar que esta situación sea una sentencia de muerte para los numerosos pacientes que se están quedando sin atención médica.

Además de la carencia crítica de equipamiento y medicamentos, la salida masiva de médicos y enfermeras ha agudizado la crisis en ambos países, el primero debido a una grave crisis económica y el segundo debido a la crisis humanitaria en ciernes tras la salida de las tropas internacionales y el retorno al poder de los talibanes.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, expuso la situación que atraviesan Líbano y Afganistán tras volver de una misión en ambos y comprobar que la situación es sumamente grave y que los niños son los que están pagando el mayor precio.

«El fondo para respuestas de emergencia de la ONU y el Fondo Mundial para la Lucha contra el VIH, la malaria y la tuberculosis están financiando la continuidad de servicios sanitarios esenciales (en Afganistán) para los próximos tres meses, pero esto no es suficiente», declaró.

Sostuvo que es urgente que los países donantes den un paso adelante y vuelvan a financiar el Proyecto Sehatmandi, que la OMS considera la espina dorsal del sistema de sanidad afgano, ya que permite el funcionamiento de 2.300 centros de salud en los que se atiende a millones de personas.

Tras el retorno de los talibanes, la financiación externa a este proyecto -administrado por el Banco Mundial a través del Fondo de Reconstrucción para Afganistán creado durante la invasión- se detuvo.

Las consecuencia, entre otras, han sido que solo funcionan el 3 % de las camas de aislamiento para enfermos de covid y se ha restringido el acceso a las mujeres a personal sanitario femenino, mientras la población sufre de pleno el impacto de la inseguridad alimentaria y de la pobreza.

Del Líbano, que cuenta con una población de 6,8 millones de habitantes (unos 900.000 de ellos son refugiados), se han marchado en el último año de crisis unas 1.500 enfermeras, lo que representa entre el 15 y el 17 % de todas las que estaban registradas, aunque el caso de los médicos es peor, puesto que 2.000 han abandonado el país, un 40 % del total.

La grave situación política y económica que ya vivía el Líbano se vio agravada hace un año con la gigantesca explosión en el puerto de Beirut, lo que acentuó la crisis económica al destruir una infraestructura vital para la actividad comercial del país y la pandemia ha sido el golpe final.

Los hospitales «carecen de equipamiento, de combustible y de electricidad», dijo Tedros.

En Afganistán, el director de la OMS se reunió con autoridades del gobierno talibán, entre ellos el primer ministro.

«Mantener un diálogo con los líderes talibanes es esencial si queremos apoyar al pueblo de Afganistán», explicó en una rueda de prensa a su retorno a Ginebra.

Además del rebrote reciente del sarampión y la malnutrición que afecta a la mitad de niños afganos, la OMS considera que «el resurgimiento de la polio es un riesgo mayor», al tiempo que reveló que hay 2,1 millones de dosis de vacunas contra la covid-19 en Afganistán que no se pueden utilizar por la situación calamitosa del sistema de salud.

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