Falmouth (R.Unido),- El G7 es la primera gran cumbre en la que el Reino Unido ejercerá una política exterior independiente de la Unión Europea, un escenario en el que espera fortalecer su posición como aliado natural de EE.UU. en Europa y postularse como líder global en la lucha contra el cambio climático y la recuperación pospandemia.

En la trastienda, el primer ministro, Boris Johnson tiene asimismo la urgencia de mover hilos para forjar nuevas alianzas económicas que compensen la salida del mercado único europeo.

Bajo ese prisma se explica la elección de invitados al G7 que ha seleccionado Johnson como presidente de turno del grupo: India, Australia y Sudáfrica, tres países de la Commonwealth con los que espera estrechar vínculos, así como Corea del Sur, jugador también clave en el Indopacífico, uno de los principales nuevos mercados en el radar de Londres.

Las alianzas con Seúl sirven además de contrapeso al auge de China como potencia dominante en la región, una estrategia compartida por ambos lados del Atlántico.

“La inclinación hacia el Indopacífico que busca el Reino Unido tiene que ver no solo con China, sino también con la expectativa de que va a ser un mercado económico importante, si no el mercado clave, en el siglo XXI”, afirmó a Efe Neil Melvin, director de Estudios Internacionales sobre Seguridad en el centro de estudios RUSI.

Tanto la presidencia británica del G7 este año como la cumbre del clima COP26 que se celebrará en noviembre en Glasgow (Escocia) son un oportuno escaparate para las ambiciones globales de Johnson.

“De manera fortuita, la reunión llega en el momento adecuado para el Gobierno británico”, esgrimió Melvin.

LONDRES ASPIRA SER LÍDER GLOBAL

Ya sin voz en las decisiones de la UE, el Reino Unido quiere reforzar su influencia en los principales organismos multinacionales. Diversos analistas coinciden en que su estrategia pasa por cultivar un rol de liderazgo y coordinación entre los socios del G7.

En los próximos cinco años, el Reino Unido tratará de “desarrollar su espacio en la escena global como el país que reúne al resto alrededor de una mesa para lidiar con los problemas”, señaló a Efe Abhinay Muthoo, profesor de Economía y experto en Relaciones Internacionales de la Universidad de Warwick.

Uno de los puntos fuertes que quiere subrayar el Gobierno británico en la cumbre de esta semana es su capacidad para impulsar estrategias económicas comunes, como la reforma de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el desarrollo digital y aspectos financieros del cambio climático, indicó por su parte a Efe Creon Butler, director Economía Global del Real Instituto de Asuntos Internacionales británico.

Londres se juega mucho en ese terreno en los próximos meses. Si su plan de organizar el comercio mundial a través del G7 “no demuestra su valor este año, podrían perfectamente establecerse otras agrupaciones occidentales para coordinar la estrategia comercial, y el Reino Unido podría no ser invitado”, esgrimió Butler.

Agrupaciones diseñadas “en torno a Estados Unidos y la Unión Europea, o bien en torno a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón” podrían tomar las riendas, advirtió.

RELACIÓN CON ESTADOS UNIDOS

La sintonía de Boris Johnson con el anterior presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el profundo desencuentro con Joe Biden respecto a Irlanda del Norte sugerían al inicio del mandato del actual presidente que otros países europeos, en particular Alemania, podían sustituir al Reino Unido como aliado preferente de Washington en Europa, apuntó el analista de RUSI.

Johnson y Biden han encontrado sin embargo más terreno común del que se preveía y comparten visiones estratégicas respecto a temas clave como el avance de China, la amenaza de Rusia y la lucha contra la emergencia climática, esgrime Melvin.

Uno de los principales objetivos del primer ministro británico al reunirse por primera vez en persona este jueves con Biden va a ser subrayar el papel de Londres como su principal aliado a este lado del océano, incluso si ya no cuenta con la influencia que tenía hasta ahora en las decisiones de la UE.

Sobre la mesa está asimismo el futuro pacto de libre comercio que Johnson quiere forjar con Estados Unidos, uno de los principales beneficios económicos de romper con Bruselas con el que el ahora primer ministro azuzó a los votantes antes del referéndum del Brexit.

El principal escollo para profundizar en la relación bilateral será el contencioso sobre Irlanda del Norte que mantiene Londres con la Unión Europea.

Biden, con raíces irlandesas, llega al Reino Unido dispuesto a presionar para que Johnson solucione cuanto antes el problema, que amenaza con poner en jaque los acuerdos de paz en Irlanda que Estados Unidos contribuyó a consolidar en 1998.

Guillermo Ximenis

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