Mineápolis (EE.UU.),- La esquina en un barrio del sur de Mineápolis (Minesota, EE.UU.) en la que George Floyd dejó de respirar en mayo de 2020 tras ser asfixiado por un agente de policía se ha convertido en un símbolo de la resistencia contra la violencia policial en EE.UU., y ahora sus vecinos gritan “justicia” para el hombre afroamericano.

Justo enfrente del punto en el que pereció Floyd, vivía y reside actualmente Rodi Paper, un hombre negro de 57 años que presenció el episodio fatal desde su ventana en el número 3757 de la Avenida Chicago, que hace cantón con la calle 38 de la llamada “ciudad de los lagos”.

“Es un barrio pobre, con negros, con droga y crimen. ¿Pero viste qué hizo (el policía) con su cuello? George estaba avisando de que le iban a matar…”, rememoró en una entrevista con Efe este sábado el guyanés Paper, con gesto de rabia y vestido al estilo rastafari, símbolo de la marihuana incluido.

UN JUICIO “INÚTIL”

Como otros en el barrio, Paper cree que el juicio contra el expolicía acusado de su muerte, Derek Chauvin, cuyos argumentos orales empiezan este lunes 29, “no servirá para nada”, porque la vigilancia policial en Powderhorn Park ha aumentado considerablemente desde la muerte de Floyd y su agresividad, aseguró, “sigue siendo la misma”.

Fuera de cámara, Paper contó que él mismo enfrentó una situación similar con la policía hace unos años en las calles de Mineápolis: fue tumbado en el suelo por un agente, que le puso la rodilla en el cuello, impidiéndole respirar.

“Por suerte, paró antes. Pero esta manera de estrangulamiento es muy común aquí”, aseguró.

Paper conversó con Efe mientras fumaba un cigarrillo delante de la puerta del edificio en el que reside, que ahora da al espacio conmemorativo que la gente del barrio creó en honor a Floyd con flores, peluches, pinturas, carteles y las últimas frases que recitó antes de morir.

“SI HUBIERA SIDO BLANCO…”

En la Plaza George Floyd Jr., rebautizada así en agosto del año pasado, también estaban recordando al difunto las hermanas Lachael, junto a su madre, abuela y un par de tías, todas mujeres.

“Todo el mundo debería ser tratado de manera justa, y solo es la gente negra la que sufre esto. Si hubiera sido blanco, probablemente la policía ni se hubiera molestado”, dijo a Efe con gran elocuencia la hermana pequeña de las Lachael, Raon, de 12 años, tras admitir que lloró con las imágenes de la muerte de Floyd.

“¿Por qué le dejaron morir de esa manera? Fue muy triste. Nadie merece irse así”, insistió su hermana Zaya, de 15 años, con una cara de incomprensión.

ABOLIR LA POLICÍA

La indignación de la comunidad afroamericana de Mineápolis tras el fallecimiento de Floyd desencadenó una oleada de indignación en EE.UU. y en el mundo en las semanas siguientes a su fallecimiento, que derivó en protestas y disturbios en distintas ciudades del país contra la violencia policial frente a los negros.

Esa frustración se tradujo en la llamada de los sectores más a la izquierda del espectro político para poner “fin” a la policía en Estados Unidos tal y como la conocemos hasta ahora, optando por un sistema “más holístico”, que incluya psicólogos y trabajadores sociales.

Así lo expuso a Efe Isaac Layden, parte de la coalición “Yes 4 Minneapolis”, una organización que tiene como objetivo recoger 20.000 firmas para llevar esta y otras ideas a las urnas de noviembre, cuando los habitantes de la ciudad votarán sobre propuestas concretas y para elegir a su alcaldía, entre otras cuestiones.

Este grupo comunitario escogió el barrio de Powderhorn Park y la esquina de la Avenida Chicago con la calle 38, la zona cero de la lucha contra la violencia policial en EE.UU., para tratar de terminar, “de una vez por todas”, con el Departamento de Policía de Mineápolis.

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