En Especial

Cambios causales, no casuales

Por: Cristhian Jiménez

Santo Domingo.-“En política se hace lo que conviene”, suele decir un sabio peledeista, de
repentino, extraño y profundo silencio.
Es el fundamento de la “vieja política”, en la tradición partidaria y de
ejercicio del poder en el país.

¿Lo que conviene a quién? A los intereses individuales y grupales y que
permite el control de estructuras partidarias y un manejo vil de la gerencia
gubernamental.

El incumplimiento de las promesas, los cambios de posiciones, manejo
opaco, política clientelar, prácticas populistas y la corrupción como arma
fundamental de gestión pública constituyen el glosario de “lo que
conviene”.
Ese “librito” se ha ido desgastando y deshojando con el tiempo, sin que
sus practicantes se percaten de esos acelerados cambios.
El ejercicio de una militancia ciudadana sin temor a viejos paradigmas y en
uso de todos los resortes de las tecnologías de la información ha forzado
la horizontalización del ejercicio del poder.

El Partido de la Liberación Dominicana, de prolongados mandatos con
control o incidencia determinante en los poderes públicos y órganos
constitucionales abusó de las “conveniencias” en desprecio de los
reclamos de paralelismo boschista de volver a la legalidad.

Danilo Medina, por ejemplo, en el paroxismo de su borrachera de poder
diseñó una segunda reforma constitucional en 4 años e intentó pasar por
encima de instituciones civiles, iglesias, organizaciones políticas y un
sector de su partido y solo reaccionó ante una llamada-advertencia
imperial.

Luis Abinader, beneficiario del reproche nacional a aquellos corruptos
mecanismos de gestión pública, asumió en campaña una “estrategia de

contrastes” (préstamo a Bartolomé Pujals), que reafirmó en la transición y
comenzó a cumplir en las primeras horas de su gestión.

Ministerio Público independiente, Contrataciones Públicas a Participación
Ciudadana, representante local de Transparencia Internacional fueron
mensajes claros y sujeción valiente a lo prometido. Ha habido otras
decisiones que implican cambios importantes frente a la corrupción y la
impunidad y propuestas legislativas que apuran cambios estructurales.
Empero, desde los primeros decretos, las mujeres salieron en desventajas
con 3 ministerios, de un total de 22 y contadas direcciones generales. Las
31 gobernaciones fue un caramelito de un algún “genio” de la “vieja
política”.

Las mujeres se han quejado de esos desniveles, pero los han asumido
como hechos consumados, lo que será imposible de extender al abandono
presidencial y partidario de la consignación de las tres causales para
interrupción del embarazo en el Código Penal.

Abinader y el Partido Revolucionario Moderno asumieron esa bandera en
la campaña y en su escenario opositor congresual y lo reafirmaron luego
de ganar las elecciones, al asumir el gobierno y hasta hace semanas.
Una comisión especial de la Cámara de Diputados anunció el miércoles la
exclusión de las tres causales del Código Penal, para enviarlas a una ley
especial (para que nunca se apruebe), lo que generó de inmediato
protestas frente al Congreso, e incluso que funcionarias encabezadas por
la ministra de la Mujer, asistieran y apoyaran con severos
pronunciamientos un campamento femenino establecido frente al Palacio
Nacional.

El presidente Abinader no se ha pronunciado sobre la situación (noche del
sábado), pero circulan en las redes grabaciones de declaraciones
anteriores del mandatario, del presidente del PRM, José Ignacio Paliza y
otros líderes perremeistas en las que reafirmaban su apoyo a las tres
causales.

En las gestiones de los presidentes Leonel Fernández y Danilo Medina, con
congresos complacientes, dirigidos por el comité político del PLD, según
estatutos, enviaron observaciones con las tres causales que sus partidarios
“rechazaron”.

Es inaceptable que Abinader intente el mismo jueguito. En política,
contrario al mantra del “gurú” peledeista, se debe hacer lo que convenga
al ciudadano.

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