Grigny (Francia).- Casi un año después del estallido de la pandemia, la ciudad más pobre de la periferia parisina vive un agravamiento de su drama social y cada vez más habitantes, sobre todo jóvenes, acuden al banco de alimentos.

A solo 30 kilómetros al sur de París, que cuenta con algunos de los barrios con mayor renta per cápita de Europa, la pobreza y el hambre encuentran terreno fértil en ciudades dormitorio como Grigny, de 30.000 habitantes.

Un 45 % vive por debajo del límite de la pobreza establecido en Francia (situado en los 900 euros mensuales) y el 25 % está desempleado, más del doble que la media nacional.

Estos datos aún no incluyen todo el impacto de la covid, que obligó a muchos sectores económicos a parar desde hace prácticamente un año.

Pero los daños de la pandemia sí que son visibles en el banco de alimentos de la localidad, de la entidad benéfica nacional “Restos du Coeur”.

Este establecimiento ha registrado un aumento del 14 % de sus inscritos desde el inicio de la crisis del coronavirus. Hay familias, pero también jóvenes y ancianos, dos grupos que no acudían con tanta asiduidad.

La entidad caritativa calcula que actualmente son 2.500 personas las que acuden diariamente a sus instalaciones, unos módulos prefabricados ubicados junto a impersonales bloques de apartamentos.

TRES AÑOS SIN PAPELES

Gran parte son de origen extranjero. En la ciudad hay 90 nacionalidades representadas. Y los hay sin papeles, como la marroquí Zineb Mediouni, de 32 años y madre de dos hijos.

“No tengo trabajo, no gano nada y le agradezco al ‘Resto du Coeur’ porque me ha ayudado mucho. Hay personas que no tienen ni siquiera la suerte de ser ayudadas”, señala a EFE Mediouni, quien trabaja también como voluntaria en el banco de alimentos.

Alojada en un albergue social de la localidad con sus dos hijos y divorciada de su marido, depende de la beneficencia para sobrevivir.

“Hace tres años que estoy en Francia, sin papeles. Espero mi turno (para ser legalizada), pero puedo decirte que estoy bien, tengo un lugar caliente para dormir, mis hijos tienen salud, yo también”, añade la mujer, cuya aspiración es ser asistente social.

Reine Lasry, voluntaria en “Resto du Coeur” desde hace tres años, constata el aumento de jóvenes carentes de alimentos y bienes de primera necesidad. “Hay nuevas personas que tenían trabajos de unas pocas horas. Y con esta crisis lo han perdido. Lo que más me choca es que algunos nos dicen que su única comida en el día la hacen aquí”.

Para el responsable del almacén caritativo, Alain Ludman, los jóvenes estudiantes que han perdido sus trabajos son los que más han aumentado. “Es un segmento nuevo que antes no veía”, constata.

“Nos falta mucha proteína en los alimentos que distribuimos”, lamenta Ludman, en alusión a la poca oferta de carne y pescado que logran de sus proveedores, muchos de ellos grandes superficies.

URGENCIAS SOCIALES

Gringy, donde casi toda su población se aloja en bloques de alquiler subvencionados por el Estado, abandera la llamada “banlieue” parisina, el extrarradio de la capital, que en los en los años 70 y 80 creció de manera exponencial al recibir inmigrantes de las antiguas colonias en Africa.

“La pobreza aquí toca en primer lugar a la infancia. El 50 % de los habitantes tiene menos de 30 años. Afrontamos la pandemia de la pobreza, que ya existía, pero que se desarrolla aún más con la covid”, señala en declaraciones a EFE el alcalde de Grigny desde hace nueve años, el comunista Philippe Rio.

Citando una red de solidaridad “muy fuerte”, asegura haber logrado “contener las urgencias” sociales, aunque, según el primer edil, están aún lejos de resolver graves problemas estructurales.

Rio ha solicitado ayuda al Gobierno, la última vez en diciembre. Y finalmente, el Ejecutivo escogió la ciudad para anunciar en enero un ambicioso plan nacional contra la pobreza que incluye una serie de inversiones en sectores como la vivienda, la educación, la salud o las infraestructuras.

“Es un insulto y es inmoral y peligroso que haya polos de miseria en la región más rica de Europa”, denuncia. Gringy comparte división territorial con otras ciudades que al menos le duplican en renta per cápita, como París o algunas del departamento de Hauts de Seine (Neuilly-sur-Seine).

CONTRA EL ESTIGMA DE LOS SUBURBIOS

Para el alcalde comunista, el principal factor es la “desigualdad” del sistema de educación francés. “En los territorios frágiles, las escuelas francesas son un fracaso”, algo que atribuye a una menor inversión en ciudades satélites como ésta.

Hay otras debilidades que se han agravado por la covid, de acuerdo con el regidor. A pocos kilómetros de la localidad, está el aeropuerto internacional de Orly, uno de los mayores en Francia y cuya actividad ha resultado muy impactada por la pandemia.

Allí trabajan muchos de los vecinos de Grigny, que se dedican a otros sectores de baja remuneración, como el de la construcción y la logística.

Acostumbrada a aparecer en los medios por ser la ciudad en la que creció Amedy Coulibaly, quien asesinó a cinco personas en un supermercado judío en 2015, o por ser un foco de violencia callejera en 2005, Rio buscar luchar contra los estigmas de la “banlieue”.

“Los suburbios somos la juventud de Francia. Este país no solo puede estar contento de nuestra juventud por gente como Kylian Mbappé (natural de la cercana ciudad de Bondy), que es futbolista. Francia debe reconciliarse con sus zonas populares”, concluye.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí