Madrid.- Carlinhos Brown habla con una inusitada calma. Este nervio brasileño, que respira bongos y timbales, dice que quiere ver la “parte positiva” de la pandemia, insiste en que la mascarilla “es la mejor vacuna” hasta que exista una y aventura que “solo saldremos mejores si sabemos aprender de la pandemia”.

Desde su Bahia natal en la que reside, conversa con Efe en una entrevista telefónica tras participar en el VII Congreso Iberoamericano de Cultura, donde expuso sus proyectos sociales en Brasil y el nacimiento de una “nueva ciudadanía” tras la pandemia.

El cantante, inmerso en grabaciones de discos “caseros”, acaba de cerrar su participación como jurado en un programa de talentos, y dedica gran parte de su confinamiento a apurar uno de sus últimos proyectos sociales con el que pretende introducir una asignatura de educación medioambiental en las escuelas.

Con un ritmo pausado y analítico, el brasileño asegura que la crisis sanitaria puede dejar aspectos positivos en la “higiene diaria, la solidaridad y la atención” entre las personas, pero reconoce que “tenemos que ser más humildes” y más “prudentes” para poder hacer frente al virus.

VER SIEMPRE “EL LADO POSITIVO”

Carlinhos Brown es sin duda un optimista convencido. Su imagen pública está marcada por varios símbolos reconocibles: sus largas rastas, sus instrumentos de percusión, sus llamativos atuendos y una sonrisa que siempre le completa el rostro.

De la pandemia, insiste, también quiere sacar un lado positivo y recuerda cómo la primera ola nos sirvió “para parar” y dedicar más tiempo a familiares y a amigos aunque fuera a través de las tecnologías.

“Para mí fue un momento de reflexión, de reorganización importante, de cosas que desde hace mucho me estaba tragando, porque el tiempo era muy escaso y había muchas cosas a las que no prestaba atención”, cuenta.

En ese sentido, la pausa obligada a la que nos condujo la pandemia le hizo “desenfocar una vida muy dura y desdoblada”: “Las conquistas pueden venir y la pandemia mostró com estábamos esclavizados con nuestro tiempo”.

NO DEJAR QUE LA PANDEMIA NOS BLOQUEE

Durante estos meses de confinamiento, el músico brasileño, Embajador Iberoamericano de la Cultura desde 2018, también ha tenido momentos de actividad entre los que ha avanzado su proyecto Candyall que pretende llevar la educación medioambiental a las escuelas de su país y ha grabado un disco con ese mismo fin.

“Busqué momentos para hacer música, compuse en el estudio que tengo en casa, grabé un álbum para ese proyecto ambiental porque he podido entender que mi mayor debilidad es no haber conseguido asegurar la naturaleza que estaba en el barrio donde yo nací”, comparte.

Y es que tiene claro que ha habido “errores” en la educación -“la mejor herramienta para el futuro”- y fue esa percepción la que le llevó a realizar este proyecto educativo “para establecer vínculos afectivos ente los niños y el medioambiente a través de libros infantiles y formación para los profesores”.

“APRENDER”, EL FARO Y LA OBSESIÓN DE CARLINHOS

Si algo obsesiona y motiva a este percusionista es el desarrollo de su Bahia natal, así como de otras comunidades desfavorecidas en el mundo.

Durante la pandemia, agotó las existencias de alimentos no perecederos -“tres toneladas”, según afirma- que tenía en la despensa destinada a sus vecinos más afectados por el hambre en Brasil y comenzó a recaudar más ayudas para ellos.

Con esa certeza, Carlinhos se detiene en la educación, un aspecto clave a su juicio para el futuro de los más jóvenes, a los que quiere proteger del “estrés” de la crisis sanitaria y para quienes pide que en estos momentos tan complicados no se les evalúe “por la tradicional medida numérica del aprobado o el suspenso”.

“Los niños no pueden ir a la escuela, tenemos un gran problema de abandono escolar y estamos buscando fórmulas para que no desistan porque la mejor forma de cambiar el mundo a día de hoy es el estudio”, subraya.

LA CULTURA, SIEMPRE DAMNIFICADA

El sector cultural es uno de los que más está sufriendo las consecuencias de la crisis y, dentro de él concretamente, los que sobreviven gracias a la asistencia del público, como los conciertos de música o las obras de teatro.

El brasileño es consciente de que el sector se enfrenta como poco a “dos años sin trabajo”, pero pide que el regreso de los conciertos multitudinarios solo se dé “cuando se tenga una condición saludable y segura”.

“Lo que menos nos interesa es hacer un concierto multitudinario y haya un brote, no podemos ser irresponsables, es momento de repensar cómo vamos a sobrevivir y por cuánto tiempo, porque también podemos perder la vida”, reflexiona.

Mira los meses que están por venir y precavido por lo que aún está por llegar, invita: “Tenemos que encontrar la manera de vivir porque no sabemos cuánto va a durar esto”.

Macarena Soto

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