Sao Paulo.- Los incendios en la Amazonía brasileña aumentaron un 60 % en septiembre respecto al mismo mes del año anterior, mientras que en el Pantanal, el mayor humedal del planeta, se dispararon un 180 % en el periodo y registraron un récord histórico, según los datos oficiales divulgados este jueves.

La selva tropical brasileña registró 32.020 focos de incendio en septiembre, frente a los 19.925 del mismo mes de 2019, cuando las imágenes del fuego en la Amazonía dieron la vuelta al mundo y alarmaron a la comunidad internacional, según los datos consolidados del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

En el Pantanal, el humedal que comparten Brasil, Paraguay y Bolivia, los focos de incendios saltaron de los 2.890 en septiembre de 2019 a los 8.110 el pasado mes.

Los fuegos también aumentaron en el acumulado del año. Los focos se multiplicaron en el Pantanal, con un salto del 201 %, al pasar de los 6.055 entre enero y septiembre de 2019 a los 18.260 este año.

En la Amazonía, por su parte, crecieron un 13,9 % en los primeros nueve meses de 2020, con un total de 76.030 focos, un alza que los ecologistas atribuyen en parte al avance de la deforestación en uno de los pulmones del planeta.

Los datos divulgados hoy van en contramano del discurso del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien ha insistido en minimizar el número de incendios en el país y ha acusado a las organizaciones no gubernamentales y a los propios indígenas de la destrucción de los bosques.

En medio de una fuerte presión de inversores nacionales e internacionales y de diversos países europeos, el líder de la ultraderecha brasileña denunció ante la Asamblea General de la ONU que Brasil es víctima de una “brutal campaña” por parte de sus competidores potenciales en los mercados globales.

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En ese marco, señaló que esa “campaña” ha ganado “apoyo de instituciones internacionales que se unen con asociaciones brasileñas antipatrióticas” en una suerte de conspiración contra su Gobierno.

Los ecologistas, sin embargo, aseguran que la degradación de la Amazonía y el Pantanal son producto de un abandono de las políticas de preservación y de la retórica medioambiental del Gobierno de Bolsonaro.

“La gravedad de la situación es, sobre todo, reflejo de la política medioambiental del Gobierno de Bolsonaro que, a pesar de la previsión de un periodo más seco en el Pantanal, no empleó esfuerzos para prevenir los incendios”, afirmó Greenpeace en un comunicado.

“Además, ha estimulado deliberadamente la impunidad y el crimen ambiental, a partir del debilitamiento de la capacidad de fiscalización de los órganos competentes”, apuntó el grupo ecologista.

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