Miami.- Después de una dura cuarentena, en la que vivió los efectos de un terremoto, la gravedad de su madre y una problemática separación con su hija, Alejandra Guzmán regresa renovada con nuevo “look”, un experimento musical inédito en su canción “Vive y deja vivir” y una sorprendente vulnerabilidad que exhibirá este domingo en la nueva etapa de “La Voz USA”.

Guzmán, quien está muy lejos de ser una novata en el formato de los concursos de canto, reconoció en una reveladora entrevista con Efe que no sabe “qué esperar” de lo que será el encuentro entre los cuatro “coaches”, que además de ella incluyen a Luis Fonsi, Carlos Vives y Wisin.

“Imagínate ocho meses sin saber qué iba a pasar. Se acumulan los sentimientos, se vuelve uno más sensible. Va a ser algo muy fuerte”, pronosticó la artista, que además presentó este viernes “Vive y deja vivir”, su primera canción inédita del año y su primera colaboración con un artista urbano, el puertorriqueño Ñengo Flow.

“La canción es producto de todo lo que me ayudó este año que me aventé, que fue muy triste y muy doloroso por todo lo que ya saben en las redes sociales”, reconoció la reina del rock mexicano en referencia a los múltiples ataques que ha recibido de parte de su hija, Frida Sofía Guzmán.

Por eso, quizá, dice que “Vive y deja vivir” comienza lenta y melancólica y termina con una ranchera. “Es un poco lo que hice (en la cuarentena). Hice un recuento de mis defectos de carácter, de mis adicciones, que sí las tengo y que las he tratado de llevar adelante con terapias como AA (alcohólicos anónimos) y lo que hay”, añadió.

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“Me siento buena persona y buena madre”, afirmó la artista, quien reiteró que en su momento le pidió perdón a su hija por sus faltas, pues tiene “corazón como para eso”. Al final, considera que ha podido salir adelante en estos tiempos gracias a que sabe quién es y está “bien con eso”.

Toda esa mezcla de sentimientos, también, salen a flote cuando reconoce que, aunque sabe que no se puede, se muere de las ganas de abrazar a los concursantes de “La Voz USA”.

“Lo que quiero decirles es que no renuncien a su sueño de vivir de la música. Aunque las cosas hayan cambiado, lo importante es saberse adaptar”, completó.

CERO REGUETÓN

Durante toda su carrera, La Guzmán, como también se le conoce, ha sido famosa por combinar las baladas más cortavenas con el rock. Fue el género que le dio la fama a su papá, el legendario Enrique Guzmán, y que odiaba su mamá, la veterana actriz Silvia Pinal.

Si alguien le hubiese dicho a la chica que cantaba “Hacer el amor con otro” en 1991 que a los 52 años iba a estar colaborando con alguien como Ñengo Flow, jamás lo habría creído.

Sin embargo, un encuentro con “artistas chavitos (jovencitos) en México me puso en contacto con un montón de gente interesantísima y me dieron ganas de ver qué pasaría si hacía algo con ellos”, contó.

Se alió con el compositor colombiano Nicolás Mayorca y el resultado fue “Vive y deja vivir” y una balada “sobre el amor bonito que todos soñamos con encontrar”.

“Lo primero que le dije fue que yo no quería hacer reguetón. Eso no es lo mío y él me dijo: ‘¿y si probamos con reggae?’. Y así nació esta canción que me encanta y que es totalmente diferente a todo lo que he hecho en mi vida, pero me representa. Hasta termina con mariachi”, indicó.

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Está tan satisfecha, que aseguró no estar preocupada por la reacción del público, porque “nunca se sabe lo que va a pasar”.

UNA REINA RENOVADA

Alejandra Guzmán, apodada “La reina de corazones”, por su éxito de los 90, pasó varios meses en su casa en la playa, en Huatulco, una localidad en la costa sur de México.

Allí vivió el mas reciente terremoto que sacudió su país en junio de este año y sufrió la caída de su madre, quien a los 88 años requirió una prótesis de cadera y vivió la hospitalización aislada, por las estrictas normas sanitarias para contener los contagios del coronavirus.

La artista pasó los días pintando, haciendo manualidades, actividad física y en el mar. “Para mí, hacer ejercicios y ser agradecido es la clave de la vida”, expresó.

Se siente renovada y para expresarlo le pidió a su estilista que la transformara.

“Le dije que me cambiara el corte de pelo, quería verme diferente” y lo logró, añadió. Los tonos rojos de los últimos años han sido sustituidos por el castaño claro e ilumninaciones rubios. El corte recto es ahora uno de capas suaves, que va acorde con un maquillaje muchos menos dramático que el que ha llevado por años.

La favorece, aunque nunca se ve tan bien como cuando habla de la “increíble” recuperación que va vivido su mamá.

“Ella es muy dura. La vi ya tomándose un vodka y diciendo que quiere volver a trabajar”, relató la artista, quien parece haber heredado de su madre la resiliencia y la fuerza con la que dice: “Yo ya no tengo fórmulas ni estrategias para nada. Mi única fórmula es ser neta”. Es decir, verdadera, cerró.

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