Sídney (Australia).- El crecimiento demográfico de Australia, que depende en gran medida de la inmigración, caerá a los niveles más bajos desde 1917 por culpa de la COVID-19, dijo hoy el jefe de la oficina del Tesoro del país oceánico, Josh Frydenberg.

El Gobierno de Australia, país de unos 25,5 millones de habitantes, cerró sus fronteras en marzo pasado por la pandemia, doce meses después de limitar a 160.000 la cuota anual de migración permanente, así como condicionar la llegada de extranjeros cualificados a zonas del interior del país, menos poblado.

“Dada la disminución de la migración neta procedente del extranjero, se espera que el crecimiento anual de la población se reduzca a sólo el 0,6% en 2021, la tasa más baja desde los años 1916-1917”, comentó Frydenberg al club de la prensa en Camberra.

NECESIDAD DE INMIGRANTES

La población de Australia, que a mediados del siglo pasado se pretendía incrementar en un dos por ciento – la mitad por la llegada de extranjeros -, creció en 1,4 por ciento en 2019, según datos oficiales.

El incremento del año pasado se debió en un 60,2 por ciento a la inmigración de otros países, que también está impulsada por los estudiantes internacionales.

Estos jóvenes extranjeros aportaron a la economía australiana en el ejercicio fiscal de 2018-19 un total de 24.616 millones de USD (unos 22.588 millones de EUR), lo que convierte a la educación en la cuarta mayor exportación de este país, después del carbón, el hierro y el gas natural.

Con la intención de reactivar este importante sector, las autoridades australianas anunciaron esta semana que comenzarán a tramitar los visados de estudiantes extranjeros y flexibilizarán las condiciones de sus visados a los que ya los han obtenido si han experimentado problemas por la COVID-19.

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Con las fronteras cerradas, previsiblemente hasta finales de año, y con una recesión a cuestas que ha tumbado 30 años de crecimiento económico, Australia, afronta el gran reto de reactivar su economía, que se prevé que caerá un 3,75 por ciento este año, especialmente en las zonas del interior donde escasean la mano de obra y los trabajadores cualificados.

FRENO A LA REACTIVACIÓN

Con más de 13.600 casos, entre ellos 139 muertos, Australia ha suprimido el virus en casi todo su territorio, pero afronta una crisis por el rebrote de COVID-19 en Melbourne, donde se han registrado más de 4.500 infecciones desde principios de este mes.

Melbourne y el aledaño municipio rural de Mitchell comenzaron el 9 de julio un nuevo confinamiento de seis semanas, aunque no han podido frenar las transmisiones locales, pero a pesar de la medida muchas personas, entre ellas trabajadores temporales, con síntomas o a la espera de las pruebas, siguieron saliendo a las calles.

Por ello, las autoridades australianas han desplegado 3.100 soldados en todo el país, la mitad de ellos en Victoria, para ayudar en las tareas de contención de la COVID-19, que también se propaga localmente en el estado de Nueva Gales del Sur, el principal del país y cuya capital es Sídney.

En contraste, otras jurisdicciones del país sin COVID-19 planean reabrir una “burbuja aérea” entre ellos, aunque la esperada reapertura de fronteras con Nueva Zelanda, país que ha eliminado el coronavirus, tendrá que esperar.

A raíz de la crisis generada por la COVID-19 y para mitigar el impacto de la recesión ha destinado un total de 289.000 millones AUD (206.330 millones USD o 178.226 millones EUR), el equivalente al 14,6 por ciento del PIB en ayudas y programas de estímulo, subsidios y fiscales.

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