Berlín- El matadero de cerdos de la empresa alemana Tönnies en la localidad de Rheda-Wiedenbrück, el mayor de Europa, retomó este jueves la producción al cabo de un mes de cierre después de que la planta se convirtiera en uno de los mayores focos de coronavirus de Alemania.

Más de los 1.400 de los 7.000 trabajadores de la sede principal de Tönnies, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia, dieron positivo en junio por Covid-19, lo que condujo a restricciones en la vida pública en varias circunscripciones que afectaron a unas 640.000 personas.

En la mañana del jueves, activistas de Greenpeace aterrizaron en paracaídas sobre el techo del matadero, según fotos difundidas por la cadena regional WDR y desplegaron una pancarta en protesta por la reapertura de una industria que califican de “enferma”

En protestas anteriores contra Tönnies, la organización ecologista ya había criticado las consecuencias de esta forma de producción de carne, entre las que citan la explotación de los trabajadores, el sufrimiento animal y la destrucción de los bosques para la producción de pienso.

Las autoridades regionales, por su parte, aseguran que la producción en la planta será retomada extremando las cautelas y sometida a frecuentes inspecciones.

“Tönnies funcionará de forma completamente distinta a como lo hacía antes”, aseveró el ministro de Sanidad del estado federado, Karl-Josef Laumann en declaraciones a la televisión pública, destacando que a partir de ahora habrá estrictos controles para garantizar que se cumplen las medidas de seguridad.

Laumann explicó que las cifras de cerdos sacrificados – entre 20.000 y 25.000 al día – no se verán afectadas, tranquilizando así a la industria porcina, cuyos ritmos de producción se habían visto interrumpidos por el cierre del matadero.

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El ministro rechazó sin embargo que el Estado fuese a hacerse cargo de los sueldos de los empleados durante el periodo de cierre de la planta o indemnizar a la compañía, tal y como demandó recientemente Tönnies, causando fuertes críticas.

Los brotes de contagios en mataderos, que se sucedieron en Alemania desde el estallido de la pandemia, han sacado a la luz las condiciones de trabajo y alojamiento precarias de sus trabajadores, en muchos casos incompatibles con los estándares de higiene y seguridad.

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