Seúl.- En su nuevo libro, “Los días de la fiebre”, el colombiano Andrés Felipe Solano plasma tres meses de perplejidad e incertidumbre en un Seúl en el que la pandemia se abre paso hasta configurar una realidad presente, y también futura, que se antoja cada vez más irreal.

En plena tormenta informativa por la propagación de la COVID-19 y con Corea del Sur convertido en el segundo país en el que el virus hizo estragos, allá por febrero, Solano (Bogotá, 1977) comenzó un diario que ha servido para preservar diversidad de impresiones y miedos derivados de un trance que parece ya muy lejano.

“El paso del tiempo ha resultado raro. Ni siquiera me acuerdo de muchas de las cosas que escribí para este libro”, cuenta a Efe en una cervecería de Seúl, donde reside desde 2013 y donde también transcurre otro diario suyo -“Corea: apuntes desde la cuerda floja” (2015)- y ambientó su novela “Cementerios de neón” (2016).

“Más allá del registro, creo que va a tener validez el libro, ya que en medio de esta avalancha de información empezamos a borrar cosas para liberar memoria porque estamos repletos de datos”, explica.

La obra, a la venta desde hoy, surgió a propuesta del editor Marcel Ventura, interesado siempre por la realidad coreana, y terminó por ser un original testimonio sobre esa extraña transición entre el antes y el después de la pandemia que para muchos, por el cúmulo de emociones, es ya una nebulosa difícil de estructurar.

“Será interesante en 10 o 50 años para el que quiera ver qué sucedió en Seúl cuando comenzó esto”, dice Solano sobre el libro, que abarca desde la aparición del primer caso en Corea del Sur el 20 de enero hasta abril, cuando la “nueva normalidad” empieza a imponerse en Seúl bajo la sombra de una segunda oleada de contagios.

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“Los días de la fiebre” también supone una atenta mirada al exitoso modelo con el que Corea del Sur ha podido seguir, literalmente, los pasos a cada contagiado, y que permite a Solano descubrir una faceta “voyeurista” desde la que curiosea o incluso fantasea con las vidas de los pacientes 14,16 ó 28.

Esto conecta con el derecho a la intimidad, tema que ha generado una disyuntiva en muchos países en los que se ha simplificado a los surcoreanos como seres moldeados para la obediencia o la falta de espíritu crítico.

En ese sentido, Solano recuerda que fue la epidemia de MERS de 2015 la que cambió todo en el país asiático -desde las leyes a la metodología para rastrear contagios- e hizo entender a sus ciudadanos que el uso de sus datos puede salvar muchas vidas.

“El coronavirus ha sido también una excusa para proyectar un montón de fantasías occidentales sobre Asia y la vigilancia”, explica el escritor, que insiste en que “aquí nadie está haciendo redadas para ver si la gente lleva o no máscara en el metro ni se está haciendo reconocimiento facial en la entrada de los edificios”.

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