Tokio,- La COVID-19 ha reabierto el debate en Japón sobre el cambio a septiembre del inicio del curso escolar, que actualmente comienza en abril, una iniciativa conveniente para ajustarse a un modelo extendido en el hemisferio norte, pero para la que sería necesaria una laboriosa reforma legal.

El replanteamiento del año escolar japonés, cuya reforma está en el aire desde hace décadas y se ha planteado en varias ocasiones sin éxito, ha resurgido a raíz de la preocupación de un curso académico perdido por el cierre en marzo de muchos colegios del archipiélago por la pandemia de coronavirus.

La propuesta ha ganado esta vez el respaldo de políticos de alto perfil, como la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, o el exministro de Educación Masahiko Shibayama, miembro del grupo de trabajo gubernamental que está debatiendo sobre esta cuestión y que se espera que presente sus conclusiones al Gobierno a finales de junio.

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

El momento para el cambio sería idóneo por el contexto actual, pero los jóvenes japoneses tienen sentimientos encontrados sobre la iniciativa. Un 53 % se muestra a favor del cambio y un 47% se opone, según una reciente encuesta realizada por un programa radiofónico a cerca de 40.000 personas, principalmente adolescentes.

El programa “School of Lock!”, de la emisora Tokyo FM, preguntó a sus oyentes si apoyaban o no la idea de cambiar a septiembre el inicio del calendario escolar mediante la aplicación de mensajería Line y les pidió que explicaran sus motivos en su portal web.

Entre los que se mostraron a favor, muchos argumentaron que el cambio funcionaría mejor en un mundo globalizado y garantizaría que más japoneses estudiaran fuera y que más estudiantes extranjeros pudieran hacer los exámenes de ingreso en centros de Japón.

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“Los estudiantes que quieren estudiar en el extranjero tendrían menos inconvenientes, porque muchas naciones empiezan las clases en septiembre”, coincide Shigeru Takeda, un oficinista que se graduó hace varios años y que explica a Efe su opinión favorable ante la idea, aunque cree que “habría algún problema para implementarlo”.

Entre las personas que se muestran contrarias al cambio, algunas consideran que la propuesta se ha puesto sobre la mesa de forma muy apresurada y temen que les suponga una carga mental excesiva.

Yuko Aoyama, ama de casa, considera que “empezar en abril va bien con el sistema de Japón. Es cuando las empresas japonesas contratan normalmente y los estudiantes empiezan a buscan trabajo en verano”. Aunque reconoce que es una buena oportunidad para replantearse el sistema, argumenta que es necesario “tomarse tiempo para debatir”.

REFORMA LEGAL

El Ejecutivo japonés parece compartir esta opinión y aunque en un principio se muestra proactivo al cambio, la adopción del calendario escolar nuevo podría llegar en 2021 o incluso más adelante, ya que llevarlo a cabo este año no dejaría suficiente tiempo para hablar sobre cuestiones presupuestarias y de otra índole.

Según las autoridades, cambiar el inicio del calendario escolar a septiembre requeriría más de 30 revisiones legales, entre ellas en la ley nacional de pensiones, la ley de apoyo y cuidado de niños y normativas vinculadas al sistema del año fiscal nipón.

También preocupa garantizar el número de trabajadores de infantil si se da un aumento de preescolares en el período de transición.

“Debemos evitar un debate apresurado. Quiero asegurarme de que haya un debate profundo”, dijo el primer ministro, Shinzo Abe, en declaraciones a los periodistas la semana pasada.

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EMPRESAS IMPLICADAS

Cambiar el inicio del año escolar también tiene importantes implicaciones para las empresas, que suelen hacer contrataciones tras la graduación de los estudiantes, que además hacen coincidir con el arranque en abril del año fiscal en Japón.

“La sociedad puede adaptarse al sistema nuevo, las compañías también. Creo que no hay problema, pero el Gobierno siempre es lento para decidir algo nuevo”, opina Yuriko Taniguchi.

Para Kaori Uehara, profesora de instituto, el cambio debería llegar cuanto antes. “Si no empezamos en septiembre, los estudiantes tendrán que estudiar muchas cosas en poco tiempo hasta marzo y tal vez no puedan hacer excursiones o festivales escolares, sólo podrán estudiar. Eso es una pesadilla para ellos”, opina. María Roldán

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