México.- Duramente golpeada por la pandemia del COVID-19, la Ciudad de México prepara un plan de reapertura económica y social más lento que en el resto del país, mientras que a muchos ciudadanos ahogados económicamente les urge un regreso a la normalidad cuanto antes.

Mientras que el Gobierno de México anunció el inicio de la “nueva normalidad” en el país a partir del 1 de junio, las autoridades capitalinas presentaron este miércoles un plan sin plazos definidos que comenzará en el mejor de los casos el 15 de junio.

Con casi 1.500 fallecidos y más de 15.000 contagios y una ocupación del 75 % de las camas en hospitales, la capital es el foco rojo de la pandemia y no ha llegado todavía al pico de contagios.

Por lo que no quiere dar pasos en falso con el levantamiento de las restricciones establecidas hace dos meses en México, país que acumula más de 54.000 casos y 5.666 fallecidos.

DEPENDERÁ DE LAS CAMAS HOSPITALARIAS

En conferencia de prensa, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, presentó el “plan gradual hacia la nueva normalidad”, basado en un semáforo de cuatro colores que determinará el grado de reapertura de la urbe.

“La ciudad estará en semáforo rojo por lo menos hasta el 15 de junio”, explicó la alcaldesa, quien subrayó que el cambio de color lo determinará el número de hospitalizaciones.

Mientras estén ocupadas más del 65 % de las camas en centros médicos que atienden a enfermos de COVID-19, la capital mantendrá el semáforo rojo, que restringe todas las actividades económicas no esenciales que frenaron a finales de marzo.

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La única excepción será la reapertura el 1 de junio de la construcción, la minería, la industria automotriz y la fabricación de cerveza.

Dicho semáforo cambiará de color hasta el verde, que se activará cuando la urbe haya encadenado un mes de ocupación hospitalaria inferior al 50 % y que permitirá la reapertura total.

“En este momento, estamos en tendencia creciente, por tanto, continuamos en semáforo rojo pero esperamos que en unas semanas, si nos seguimos guardando con sana distancia, podremos comenzar a disminuir la ocupación hospitalaria y entrar en semáforo naranja”, explicó Sheinbaum.

De acuerdo a las proyecciones del Gobierno capitalino, en julio podrían reabrirse restaurantes, hoteles, cines y teatros con aforos limitados, en agosto las escuelas y oficinas, y en septiembre bares y gimnasios, aunque todo dependerá de las hospitalizaciones.

ENTRE LA SALUD Y LA ECONOMÍA

Además de cerrar buena parte de la economía en marzo y abril, el Gobierno de México exhortó a la población a quedarse en casa, si bien la cuarentena no está siendo obligatoria para no afectar a millones de pobres que tienen que buscarse la vida.

“Nos ponemos en riesgo pero la necesidad es más fuerte. Quisiéramos poder quedarnos en casa pero los gastos no nos lo permiten”, contó a Efe Viridiana al salir de una entrevista de trabajo en una tienda de alimentación.

Además de haber perdido su anterior empleo por la cuarentena, le ha afectado el cierre de los colegios, pues ha tenido que afrontar el pago del internet y de una computadora para que sus hijos puedan hacer las tareas en línea.

“Esta situación nos está afectando más a los que menos tenemos”, explicó.

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Pero el temor a los síntomas del COVID-19 también está muy presente entre los ciudadanos como Elizabeth, una ama de casa que sale a comprar “con terror” y opina que “no está bien que reabran cuando ni siquiera hay vacuna”.

“Tuve una traqueotomía y sé lo que es que te falte el aire, es espantoso, es un infierno vivo”, relató tras enseñar la cicatriz en su cuello.

LOS COMERCIOS FORMALES E INFORMALES, EN APUROS

La pandemia del coronavirus ha quitado a buena parte de los puestos de tacos tan característicos de las calles mexicanas, aunque algunos taqueros como Alejandro siguen saliendo a trabajar en el centro de la capital.

“Si tuviéramos una entrada directa (de dinero) no vendría, pero no se puede, uno necesita trabajar”, explicó este taquero, quien solo abre su puesto cuatro días a la semana porque cada vez le cuesta más adquirir la carne para los tacos.

A raíz de la crisis sanitaria, sus ventas han caído un 80 % y aunque le da miedo el virus, sostiene que “hay que aguantar”.

También aguanta como puede un restaurante cercano que solo puede abrir para vender comida para llevar y que ha recortado su plantilla de 15 a tres empleados.

“Ya no hay gente, nada que ver. Aquí estaba vivo en la noche y ya nada”, explicó la mesera Ana Rosa, quien espera que el negocio pueda aguantar hasta julio, cuando podría reabrir según los pronósticos.

A la falta de clientes, se les sumó la escasez de cerveza por el cierre de las plantas cerveceras de todo el país durante la contingencia.

“Totalmente fatal”, concluyó sobre la falta de su bebida más vendida.

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