Panamá,- En América Latina la mitad de la mujeres trabajan en la informalidad y con la crisis del COVID-19 muchas se han quedado sin empleo, por lo que es necesario que ellas sean incluidas como beneficiarias de bonos sociales, dijo este viernes a Efe la directora de ONU Mujeres en la región, María-Noel Vaeza.

“Estas mujeres no están accediendo a ningún tipo de trabajo, es por eso que necesitamos transferencias monetarias para quienes están sin obtener ningún bono social”, dijo la directiva del ente de la ONU.

De los llamados Programas de Transferencias Monetarias (PTM), que comenzaron a usarse en la región en la década de 1980 en respuesta a las dificultades económicas y sociales de derivadas de la “crisis de la deuda externa”, no deben ser exclusivos para mujeres.

Pero sí deben incluir a mujeres con trabajos informales, inestables o subempleos; trabajadoras domésticas remuneradas que hayan sido despedidas o hayan dejado de percibir su salario y no perciban seguro de desempleo; autónomas; productoras rurales de la agricultura familia; aquellas que no reciben ingresos, y las afectadas por crisis humanitarias previas.

Sin embargo, surge un problema a la hora de cobrar los bonos.”Hay un 60 % de mujeres que no tienen cuenta bancaria”, ni acceso a internet, por lo que ONU Mujeres pide “democratizar” eso servicios, dijo la directora.

DIFICULTADES PREPANDEMIA

Antes de la pandemia, las mujeres de América Latina y el Caribe ya sufrían dificultades para acceder a puestos de trabajo de calidad, porque a pesar de que en los últimos años el sector consiguió una mayor participación en el mundo laboral, los empleos son de baja productividad y temporales.

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Es más, una “parte importante” del empleo femenino en la región se concentra en el trabajo por cuenta propia, familiar no remunerado y el servicio doméstico, labores que “carecen de mecanismos de protección social”.

La consecuencia de ello es que estas mujeres no reciben ningún tipo de prestación en caso de reducción en las horas de trabajo, desempleo o reducción de ingresos.

Según Vaeza, la crisis por sl coronavirus y la “nueva normalidad” debería hacer que se “repiensen todos los programas (sociales) y que se aproveche la crisis para resolver un tema pendiente que los Estados tenían, que es considerar más directamente a las mujeres en hogares monoparentales y sin ingresos”.

IMPACTO DEL COVID-19 EN EL MERCADO LABORAL FEMENINO

La crisis del COVID-19 incrementó el trabajo de cuidado no remunerado en los hogares: cuidado de niños sin escuela y con clases virtuales, apoyo de sus tareas escolares o cuidado de personas mayores y enfermas.

En América Latina y el Caribe, más de 18 millones de personas se dedican al trabajo doméstico remunerado, “pero solo el 11 % tienen protección social y un contrato firmado que puede hacer valer. El resto trabajan en completa informalidad”, explicó Vaeza.

Sectores como el comercio, restaurantes o turismo son los más afectados por la pandemia, que a su vez registran un alto porcentaje de empleo femenino.

Un ámbito dominado por mujeres y que en la actual crisis no ha sido afectado por el desempleo es el sanitario: el 74 % de las personas empleadas en ese sector sanitario son mujeres, pero sólo ocupan el 25 % de los puestos en las esferas superiores y “enfrentan discriminaciones también en sus remuneraciones” con una brecha salarial del 28 %.

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Por ello, una estrategia a corto plazo de recuperación económica y social será promover programas de generación de ingresos de las mujeres. También, desde ONU Mujeres proponer programas de formación profesional y reconversión laboral en línea de cara al nuevo mercado laboral.

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